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Robertus Kardi 03 Enero 2025 660

“ Se llenaron de inmensa alegría ”


Celebramos este lunes 6 de enero, la solemnidad de la Epifanía del Señor. En esta celebración hacemos memoria de la llegada de los Magos, que venían de Oriente para adorar al recién nacido “Rey de los judíos” y Salvador universal y ofrecer dones simbólicos. Con su gesto de adoración, los Magos testimonian que Jesús vino a la tierra para salvar no a un solo pueblo, sino a todas las gentes. 

Estos personajes de Oriente, sin haber recibido el don de la fe del Pueblo elegido ni la esperanza en un Mesías Salvador como lo entendía Israel, sin pruebas contundentes y científicamente verificables, se ponen en marcha hacia lo desconocido, siguiendo la luz de una estrella.

Para la mentalidad del mundo, esos hombres serían unos pobres ilusos, unos simples «soñadores» o unos aventureros. Sin embargo, para ellos la estrella era un lenguaje divino, un signo trascendente que hablaba directamente a sus corazones y los invitaba a buscar a ese «Rey» de los judíos, que intuían como el Mesías esperado de los pueblos. En esa señal del cielo descubrieron la voz misma de Dios que los llamaba a buscarlo.

El relato evangélico de los Magos describe su viaje desde Oriente como un viaje del alma, como un camino hacia el encuentro con Cristo. Ellos están atentos a los signos que indican su presencia; son incansables al afrontar las dificultades de la búsqueda; son valientes al considerar las consecuencias de vida que se derivan del encuentro con el Señor. 

La vida cristiana es caminar, pero estando atentos y siendo incansables y valientes. …Como para los Magos, también para nosotros buscar a Dios quiere decir caminar —y como decía: atento, incansable y valiente— fijando la mirada en el cielo y vislumbrando en el signo visible de la estrella al Dios invisible que habla a nuestro corazón.

La Palabra de Dios es luz que orienta nuestro camino, nutre nuestra fe y la regenera. Es la Palabra de Dios que renueva continuamente nuestro corazón y nuestras comunidades. No olvidemos leerla y meditarla cada día, para que llegue a ser para cada uno como una llama que llevamos dentro de nosotros para iluminar nuestros pasos, y también los de quien camina junto a nosotros, que tal vez le cuesta encontrar el camino hacia Cristo.

Necesitamos la fe, para descubrir en ese recién nacido al Hijo de Dios. Es un Mesías pequeñito, humilde, pobre, indefenso. ¡Y ése es Dios! También se requiere la fe para descubrir a Dios en las cosas pequeñas, en las cosas cotidianas.  (Fuente: Papa Francisco)

 

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