"Comparto lo que tengo"
El pasado domingo, con la fiesta del Bautismo del Señor, comenzamos el camino del tiempo litúrgico llamado «ordinario»: el tiempo en el que seguir a Jesús en su vida pública, en la misión por la cual el Padre lo envió al mundo. En el Evangelio de hoy (cf. Juan 2, 1-11) encontramos el relato del primero de los milagros de Jesús. El primero de estos signos milagrosos tiene lugar en la aldea de Caná, en Galilea, durante la fiesta de una boda. No es casual que al comienzo de la vida pública de Jesús haya una ceremonia nupcial, porque en él, Dios se ha desposado con la humanidad: esta es la buena noticia, aunque los que lo han invitado todavía no saben que a su mesa está sentado el Hijo de Dios y que el verdadero novio es él. De hecho, todo el misterio del símbolo de Caná se basa en la presencia de este esposo divino, Jesús, que comienza a revelarse. Jesús se manifiesta como el esposo del pueblo de Dios, anunciado por los profetas, y nos revela la profundidad de la relación que nos une a él: es una nueva Alianza de amor.
En el contexto de la Alianza, se comprende plenamente el significado del símbolo del vino, que está en el centro de este milagro. Justo cuando la fiesta está en su apogeo, el vino se termina; la Virgen se da cuenta y le dice a Jesús: «No tienen vino». ¡Porque hubiera sido feo seguir la fiesta con agua! Un papelón para esa gente. La Virgen se da cuenta y como es madre, va inmediatamente donde Jesús. Las escrituras, especialmente los Profetas, indicaban el vino como un elemento típico del banquete mesiánico. El agua es necesaria para vivir, pero el vino expresa la abundancia del banquete y la alegría de la fiesta. ¿Una fiesta sin vino? No sé... Transformando en vino el agua de la ánfora que se usa «para las purificaciones de los judíos» —era la costumbre: antes de entrar en la casa, purificarse—, Jesús ofrece un símbolo elocuente: transforma la Ley de Moisés en Evangelio, portador de alegría.
Y luego, veamos a María: las palabras que María dirige a los sirvientes vienen a coronar el marco conyugal de Caná: «Haced lo que él os diga». También hoy la Virgen nos dice a todos: «Haced lo que os él os diga». Estas palabras son una valiosa herencia que nuestra Madre nos ha dejado. Y los siervos obedecen en Caná. «Les dice Jesús: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. “Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala”. Ellos lo llevaron». En este matrimonio, realmente se estipula una Nueva Alianza y la nueva misión se confía a los siervos del Señor, es decir, a toda la Iglesia: «Haced lo que él os diga». Servir al Señor significa escuchar y poner en práctica su palabra. Es la recomendación simple y esencial de la Madre de Jesús, es el programa de vida del cristiano. (Fuente: Papa Francisco).
Hoy, en esta jornada de la Infancia Misionera, nos recuerda otra vez más que Dios quiere que seamos felices. ¿Quién no quiere ser feliz? Y el secreto para conseguir esta felicidad nos lo da, como buena madre, la Virgen María: "Haced lo que Él os diga". ¡Así es! Haciendo lo que Jesús nos dice, nuestra alegría será total (cf. Jn 15,10-12). Y lo que Él nos dice lo sabemos de sobra: "Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado". ¡Es hora de ponerlo en práctica! Jesús amó a la gente y nos ama a nosotros: sirviendo, ayudando, acompañando, consolando, cuidando, abrazando, entregando su vida... y también compartiendo. Compartiendo con los necesitados; multiplicando la comida y la bebida, si era necesario, para que a nadie le faltara. También nos dice a nosotros: ¡comparte lo que tienes! Es una manera de demostrar el amor. Cuando damos, no de lo que nos sobra, sino realmente parte de lo que tenemos, demostramos que estamos cumpliendo la voluntad de Jesús, su deseo, y viviendo como Él vivió.
En este día de la Infancia Misionera, la Iglesia nos pide que, además de rezar por los misioneros y por todos los niños que viven en territorios de misión, compartamos con ellos lo que tenemos y lo hagamos con alegría, ya que hay más felicidad en dar que en recibir (cf. Hch 20,35; 2 Cor 9,7). (Fuente: https://infanciamisionera.es/).
COMENTARIOS
- Dominicos
- Miguel Ángel Munárriz: Te doy gracias, Padre… La sabiduría de Jesús resplandece en los más sencillos de la Iglesia.
- José Luis Sicre: Tres lectores para una boda. Para el evangelista, la presencia de Jesús en una boda simboliza la boda definitiva entre Dios e Israel, la que abre una nueva etapa de amor y fidelidad inquebrantables.
- Fidel Aizpurúa: Has guardado el vino bueno hasta ahora. La venida del Mesías era una gran fiesta y para ella se sacaría el vino guardado, un reserva.
- José Antonio Pagola: Alegría y amor. Según el evangelista Juan, Jesús fue realizando signos para dar a conocer el misterio encerrado en su persona y para invitar a la gente a acoger la fuerza salvadora que traía consigo.
- Marifé Ramos: Caná: ¿Una boda o una catequesis con símbolos? Sigamos descubriendo el manantial que brota en nuestras propias entrañas y saboreando el vino de la celebración comunitaria.
