Este hijo mío estaba perdido y lo hemos encontrado
Cuarto domingo de Cuaresma, ya próxima la Pascua, las lecturas acentúan la idea del retorno, siempre acompañado de conversión, que consiste en la renovación del corazón para vivir con más entusiasmo la fe. Tras un largo y fatigoso caminar por el desierto, el pueblo elegido llega desde la dura esclavitud de Egipto al umbral de la tierra prometida, para iniciar una historia nueva. La parábola del hijo pródigo describe el viaje de cada persona, también del discípulo de Cristo, desde la lejanía del pecado o, simplemente, desde la apatía y la rutina para gozar del encuentro con el Padre. Este retorno se realiza transitando el camino que el mismo Padre ha abierto a la humanidad, Cristo Jesús. Es un camino amplio, abierto a todos. Por ese camino, que es el mismo Cristo, va el hijo pródigo que, reconociendo sus malos pasos, decide levantarse y volver. En este hijo está representado el género humano; en él estamos todos.
Jesús proclama una forma nueva de relaciones de los hombres entre sí y con Dios por ser hijos por adopción en gratuidad y misericordia, que reciben un original código de conducta donde el primero será el servidor del grupo, y el amor que perdona la ley que resume todos los mandamientos. Un reino de Verdad donde la paz y la justicia se besan, y la misericordia actúa de árbitro general.
El ser humano no tiene disyuntiva: Construye con los demás, o destruye a los demás, porque sus actos se realizan en un medio ambiente al que vierte sus consecuencias. Las buenas relaciones son excelente apoyo al crecimiento, de la misma manera que las pésimas generan el enanismo.
El padre de la parábola de la liturgia dominical es ejemplo de acogida y misericordia con sus hijos, cada uno con sus cualidades y travesuras. San Pablo dice que lo nuevo ha comenzado, lo viejo ha terminado, porque quien es de Cristo es una criatura nueva, reconciliada gratuitamente en la Cruz.
Nosotros somos invitados al perdón y a la reconciliación, para que la Pascua signifique auténtica transformación de la vida. Nos cuesta dejarnos amar y amar al hermano menor que regresa a la casa común: Es el estilo de relaciones que Jesús ofrece y exige.
COMENTARIOS:
- Miguel Ángel Munárriz: Abbá. Dios no nos quiere por ser justos, sino por ser hijos…
- Enrique Martínez Lozano: Volver a casa. No resulta difícil percibir en nuestro momento cultural un anhelo que se expande y que puede resumirse en esta expresión: “Ven a casa”.
- Fidel Aizpurúa: Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio. El personaje principal es el padre que perdona siempre. Así es el Dios de Jesús: ama y perdona sin condiciones.
- José Antonio Pagola: Cómo experimenta Jesús a Dios. No quería Jesús que las gentes de Galilea sintieran a Dios como un rey, un señor o un juez.
- Carmen Notario: Madurez humana - madurez espiritual. La parábola del evangelio nos describe la inmadurez de dos hijos que no han descubierto su identidad. El pequeño busca fuera lo que ya tenía dentro de casa. El mayor, vive preocupado por cumplir la ley para ser “reconocido y valorado”.
