Yo doy la vida eterna a mis ovejas
Jesús utiliza una imagen tierna, una imagen hermosa, la del pastor que está con las ovejas. Y la explica con tres verbos: «Mis ovejas —dice Jesús— escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen». Tres verbos: escuchar, conocer, seguir. Las ovejas escuchan la voz del pastor. […] Abrirse a la escucha porque escuchar significa disponibilidad, significa docilidad, significa tiempo dedicado al diálogo. […] Hoy estamos abrumados por las palabras, por la prisa de tener que decir siempre algo, tenemos miedo del silencio. ¡Cuánto cuesta escucharse! ¡Pero para el Señor sobre todo es necesario escuchar! Él es la Palabra del Padre y el cristiano es hijo de la escucha, llamado a vivir con la Palabra de Dios al alcance de la mano. Preguntémonos hoy si somos hijos de la escucha, si encontramos tiempo para la Palabra de Dios, si damos espacio y atención a los hermanos y a las hermanas. Si sabemos escuchar hasta que el otro se pueda expresar hasta el final, sin cortar su discurso. Quien escucha a los otros sabe escuchar también al Señor, y viceversa. Y experimenta una cosa muy bonita, es decir que el Señor mismo escucha: nos escucha cuando le rezamos, cuando confiamos en Él, cuando le invocamos.
El camino para descubrir el amor del Señor es escucharlo. Entonces la relación con Él ya no será impersonal, fría o de fachada. Jesús busca una cálida amistad, una confidencia, una intimidad. Quiere donarnos un conocimiento nuevo y maravilloso: el de sabernos siempre amados por Él y por tanto nunca dejados solos a nosotros mismos. Estando con el buen pastor se vive la experiencia de la que habla el Salmo: «Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo» (Sal 23,4). Sobretodo en los sufrimientos, en las fatigas, en las crisis que son la oscuridad: Él nos sostiene atravesándolas con nosotros. Y así, precisamente en las situaciones difíciles, podemos descubrir que somos conocidos y amados por el Señor. Preguntémonos entonces: ¿yo me dejo conocer por el Señor? ¿Le hago espacio en mi vida, le llevo eso que vivo? Y, después de muchas veces en las que he experimentado su cercanía, su compasión, su ternura, ¿qué idea tengo yo del Señor? El Señor es cercano, el Señor es buen pastor.
Las ovejas que escuchan y saben que son conocidas siguen, escuchan, se sienten conocidas por el Señor y siguen al Señor, que es su pastor. Y quien sigue a Cristo, ¿Qué hace? Va donde va Él, por el mismo camino, en la misma dirección. Va a buscar a quien está perdido, se interesa por quien está lejos, se toma en serio las situaciones de quien sufre, sabe llorar con quien llora, tiende la mano al prójimo, se lo carga sobre los hombros. ¿Y yo? ¿Me dejo solo amar por Jesús y del dejarse amar paso a amarlo, a imitarlo?
COMENTARIOS:
- José Luis Sicre: Las ovejas, el pastor y los ladrones. Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos.
- Enrique Martínez Lozano: Un dios separado no existe. Los seguidores de Jesús no comprendieron el mensaje que se lee en el evangelio de hoy. Lo que hicieron fue “divinizar” a Jesús y pensar que se refería solo a él, ignorando que lo que es Jesús, lo somos todos.
- Fray Marcos: Fray Marcos: Debemos superar toda imagen que nos lleve a una relación externa con Jesús. No basta escuchar, hay que vivir.
- Fidel Aizpurúa: Nadie las arrebatará de mi mano. Nosotros hemos pensado muchas veces que la fe era tener unas ideas religiosas, afirmar unos dogmas, pero igual resulta que tener fe en Jesús es algo tan antropológico como creer que nos lleva en sus manos.
- José Antonio Pagola: Volver a Jesús. Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir.
- Marifé Ramos: Pastores y ovejas: una imagen peligrosa. Jesús denunció la postura de los falsos pastores de Israel y rompió los esquemas, identificándose con la figura del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y arriesga su vida por ellas.
