El Evangelio de este domingo, nos presenta la declaración solemne del v.53 asegura que el "comer la carne", es decir, el aceptar la historia concreta del Jesús histórico, y el "beber la sangre", o sea, valorar la sangre derramada de Jesús en bien de lo humano, es cauce de vida plena. Se requiere una fuerte identificación, por eso habla más que de "comer", de "devorar", como quien come con afán total y exagerado de identificarse con la comida que devora. Esa profunda y deseada identificación con la historia de Jesús es la que reporta vida a la persona.Lo más atractivo de Jesús es su capacidad de dar vida. El que cree en Jesucristo y sabe entrar en contacto con él, conoce una vida diferente, de calidad nueva, una vida que, de alguna manera, pertenece ya al mundo de Dios. Juan se atreve a decir que "el que coma pan de éste, vivirá para siempre".
Vicente Martínez: Dos en Uno. “Los amantes no se encuentran en ningún lugar. Se encuentran el uno al otro todo el tiempo” (Rumi).
José Luis Sicre: El sagrario somos nosotros. Hasta ahora, el discurso ha sido polémico y ha provocado discusión y rechazo. Es también una forma de seleccionar a sus seguidores, como quedará claro el próximo domingo.
Marifé Ramos: ¿Comer la carne o compartir un proyecto vital? En una sociedad hambrienta y con profundas diferencias sociales, el proyecto de Jesús se parecía a un banquete en el que estaban invitadas las personas pobres, enfermas, pecadoras y marginadas.