En este domingo, Jesús hace una pregunta fundamental a sus discípulos: "¿Quién decís que soy yo?". No sé exactamente cómo contestarán a esta pregunta de Cristo los cristianos de hoy, pero tal vez podemos intuir un poco lo que puede ser para nosotros en estos momentos si logramos encontrarnos con él con más hondura y verdad. Jesús nos puede ayudar, antes que nada, a conocernos mejor. Su evangelio hace pensar y nos obliga a plantearnos las preguntas más importantes y decisivas de la vida. Su manera de sentir y de vivir la existencia, su modo de reaccionar ante el sufrimiento humano, su confianza indestructible en un Dios amigo de la vida es lo mejor que ha dado la historia humana. Jesús nos puede enseñar sobre todo un estilo nuevo de vida. Quien se acerca a él no se siente tanto atraído por una nueva doctrina como invitado a vivir de una manera diferente, más arraigado en la verdad y con un horizonte más digno y más esperanzado.
José Antonio Pagola: Tomar en serio a Jesús. El episodio de Cesarea de Filipo ocupa un lugar central en el evangelio de Marcos. Después de un tiempo de convivir con él, Jesús hace a sus discípulos una pregunta decisiva: «¿Quién decís que soy yo?».
Marifé Ramos: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cómo gestar la respuesta? Responder a esta pregunta no es cuestión de un momento, salvo que respondamos una simpleza o digamos de memoria lo que otras personas han elaborado. Se trata de gestar una respuesta vital, honda, totalizante… a lo largo de toda la vida.