El evangelio de este domingo, nos regala este sentimiento de Dios por Jesús: "Tú eres mi Hijo querido. En ti me complazco". Son las palavras que Jesús escucha en su bautismo. Lo esencial está dicho. Esto es lo que Jesús escucha de Dios en su interior: "Tú eres mío. Eres mi Hijo. Tu ser está brotando de mí. Yo soy tu Padre. Jesús confía en Dios de manera espontánea. Se abandona a él sin recelos ni cálculos. No vive nada de forma forzada o artificial. Confía en Dios. Se siente hijo querido. Toda su vida la pasó infundiendo confianza en Dios. Al mismo tiempo, Jesús vive en una actitud de docilidad total a Dios. Nada ni nadie lo apartará de ese camino. Como hijo bueno, busca ser la alegría de su Padre. Como hijo fiel, vive identificándose con él, imitándole en todo. Otro detalle relevante, encontramos a Jesús, en oración, en la escena de su bautismo. Y nos está indicando que solo desde Dios podemos entender realmente a su misión.
Vicente Martínez: Nosotros somos la Palabra. Nadie sabía en aquel tiempo por dónde andaba la Palabra, pues andaba muy lejos de los hombres, sin que ninguno pudiera certificar dónde.
José Luis Sicre: Bautismo de Jesús. De Jesús no sabemos nada durante casi veinte años. A los evangelistas no les interesa escribir la biografía de su protagonista. Para ellos, lo importante comienza con el bautismo.
Marifé Ramos: Hij@s amad@s. Y punto. Sobran los efectos especiales. Para que los primeros cristianos se hicieran una idea de lo que experimentó Jesús, los evangelistas recurrieron al lenguaje y a los símbolos propios de las teofanías. Hoy, en 2019, nos sobran los cielos abiertos, la paloma, las voces y todos los “efectos especiales”.