Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría
En este domingo, celebramos la fiesta de la Epifanía o Manifestación de Cristo a los gentiles, nuestra popular fiesta de los Reyes Magos. El evangelista San Mateo nos enseña con el episodio de los sabios de Oriente que, ya desde su nacimiento, Jesús tiene una significación universal, misionera, sin distinción de razas, culturas y nacionalidades. Que Dios se haga hombre (ser humano) es algo que tiene que importarle a todo el mundo. No puede ser algo exclusivo de un grupo o un pueblo. Dios nace y se manifiesta: nace para manifestarse, para comunicarse, para hacerse accesible a todos. Esto tiene una importante consecuencia para la comprensión de nuestra fe, que no puede reducirse a una “opción privada”. Jesús no vino al mundo a fundar un club privado, sino a decirnos que Dios es nuestro Padre, que nosotros somos sus hijos y que todos somos una sola familia.
COMENTARIOS:
Vicente Martínez: Una Estrella en Oriente. Hay una estrella en el cielo para cada uno de nosotros, lo suficientemente lejos para que nuestros errores no la opaquen jamás. ¡Qué fortuna y qué cielo!
José Luis Sicre: Los reyes magos somos nosotros. A Mateo se le ocurre anticipar la revelación de Dios a los paganos usando un relato que podría ser el primer cuento de Navidad. Un cuento precioso y de gran hondura teológica. Y que nadie se escandalice de esto. Las parábolas del hijo pródigo y del buen samaritano son también cuentecitos, pero han cambiado más vidas que infinidad de historias reales.
José Antonio Pagola: Relato desconcertante. Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen.
África De La Cruz: Epifanía del Señor. Jesús de Nazaret es la luz de todos los hombres. Y Jesús nos encomienda a sus seguidores “ser luz del mundo y sal de la tierra”.