En el Evangelio de este domingo, escucharemos la expresión: " Sed compasivos, como vuestro padre es compasivo" (V 36) No se trata de un slogan, sino de un compromiso de vida. Para comprender bien esta expresión, podemos confrontarla con aquella paralela del Evangelio de Mateo, donde Jesús dice: "Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo" (5,48). ¿Una persona que no es misericordiosa es perfecta? ¡No! ¿Una persona que no es misericordiosa es buena? ¡No! La bondad y la perfección radican en la misericordia. Seguro, Dios es perfecto. Entretanto si lo consideramos así, se hace imposible para los hombres alcanzar esta absoluta perfección. En cambio, tenerlo ante los ojos como misericordioso, nos permite comprender mejor en que consiste su perfección y nos impulsa a ser como Él, llenos de amor, compasión y misericordia.
José Luis Sicre: Amad a vuestros enemigos. El “amor” no hay que entenderlo en sentido afectivo (como el amor entre los esposos, o entre padres e hijos), sino en el sentido práctico de “hacer el bien”.
José Antonio Pagola: Sin esperar nada. ¿Por qué tanta gente vive secretamente insatisfecha? ¿Por qué tantos hombres y mujeres encuentran la vida monótona, trivial, insípida?
Dolores Aleixandre: Aprendizajes. Tenemos por delante aprender del Accesible, del Cercano, del Próximo, del Experto en establecer contactos. Practicar ese modo de ser compasivo que incluye mostrarnos disponibles, eliminar distancias…
Enrique Martínez Lozano: Somos bondad. Las palabras de Jesús giran en torno a la llamada “regla de oro” –presente en todas las tradiciones espirituales– que pide tratar a los demás como queremos que ellos nos traten.