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Ivanildo Quaresma 15 Febrero 2019 7049

Dichoso el que ha puesto su confianza en el Señor


Junto a las "bienaventuranzas" a los pobres, el evangelista recuerda las "malaventuranzas" a los ricos: "Dichosos los pobres... los que ahora tenéis hambre... los que ahora lloráis". Pero, "ay de vosotros, los ricos... los que ahora estáis saciados... los que ahora reís". El Evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras para los pobres es una Buena Noticia que los invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que los llama a la conversión. ¿Cómo escuchar este mensaje en nuestras comunidades cristianas? Antes que nada, Jesús nos pone a todos ante la realidad más sangrante que hay en el mundo, la que más llega al corazón de Dios. Una realidad que, desde los países ricos, tratamos de ignorar, encubriendo de mil maneras la injusticia más cruel, de la que en buena parte somos cómplices nosotros. O tomamos en serio a los pobres o nos olvidamos del Evangelio. En los países ricos nos resultará cada vez más difícil escuchar la advertencia de Jesús: "No podéis servir a Dios y al Dinero". Se nos hará insoportable.

 

 

COMENTARIOS

  • Dominicos
  • Vicente Martínez: Venidos de todas partes. Todos los que vinieron guardaron un profundo silencio, porque sabían que el grito es la voz clara de la impotencia.
  • José Luis Sicre: Pobres y odiados – Ricos y estimados. El “Discurso en la llanura” (Lc), igual que el “Sermón del monte” (Mt), comienza con unas bienaventuranzas. Pero no son ocho, como en Mt, sino cuatro. ¿Por qué puede expresarse Jesús de forma tan radical, proclamando dichosos a los pobres, los que pasan hambre, los que lloran, los perseguidos?
  • José Antonio Pagola: Felicidad. Apenas se nos informa de toda la verdad de lo que está sucediendo.
  • Guadalupe Labrador: ¿Felices o saciados? Todos deseamos ser felices. Y deseamos ser felices “ahora”, no solo en el futuro. Jesús, nos ayuda a descubrir que la realidad que vivimos AHORA está preñada de felicidad. La felicidad del Reino que nada, ni nadie nos puede quitar, porque sus claves no están en lo que pasa ni en lo que nos pasa: ¡Él es la clave!
  • Enrique Martínez Lozano: Felicidad y pobreza. Plantear la dicha en clave de “recompensa” conduce a un callejón que no tiene salida. La lectura adecuada “pone en valor” la dignidad del pobre y advierte que es imposible la felicidad mientras no adoptemos la pobreza –desapropiación, desidentificación del yo– como actitud básica de nuestra existencia.

 

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