En el Evangelio de este domingo, Dios va a invitarnos con insistencia a ser libres y liberadores de los oprimidos. Ser libre es una de nuestras aspiraciones más fuertes e íntimas; por eso, nos indigna fuertemente la opresión y la humillación injusta provocada por la prepotencia de los orgullosos y soberbios. San Pablo va a darnos la buena noticia: “Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Hermanos, vuestra vocación es la libertad”. Jesús de Nazaret fue un hombre libre porque él era la Verdad y, como él mismo sentenció, la verdad nos hará libres (cf. Jn 8, 32). Asumió con libertad y no con sumisión de esclavo la voluntad del Padre, obedeció porque era libre; fue crítico ante la ley; su trato, libre de prejuicios, con los marginados -pecadores, enfermos impuros, mujeres- le acarreó críticas, porque los hombres y mujeres libres son siempre molestos por denunciar a los miedosos sumisos, a los perezosos, a los rutinarios, a quienes renuncian a la verdad y hacen pactos siniestros con la mentira. La comunidad de Jesús está llamada a ser un espacio de libertad y de liberación. Los discípulos de Jesús han de parecerse a su Maestro, siendo libres y liberadores como él. Hoy, la Palabra de Dios va a educarnos al ejercicio de la libertad.
José Luis Sicre: Rechazo y seguimiento.El próximo mes de octubre, el Sínodo sobre la Amazonia estudiará la posibilidad de ordenar como sacerdotes a personas casadas, porque el problema de las vocaciones sacerdotales es acuciante. El tema de la vocación es el principal de las lecturas de hoy.