En la oración del Padrenuestro se pide no el pan mío, sino el pan nuestro. El pan no sólo quita el hambre, sino que, además, alimenta humanamente y produce dicha cuando se comparte. El pan sólo alimenta y crea vida humana cuando es un pan solidario. La razón es que ese pan es fruto de la tierra creada por el Padre de todos y del trabajo del hombre, hermano de todos. La comida es un acto comunitario que congrega, expresa y aumenta el amor de la familia y la fraternidad. Los grandes acontecimientos humanos y divinos se celebran en torno a una mesa, a una comida. Celebrar la Eucaristía es compartir el mismo estilo de vida que llevó Jesús, su causa y su misión, que consiste en hacer de la creación un hogar y colocar la mesa compartida en medio del mundo, en el corazón de la historia, en las realidades económicas, sociales, políticas, culturales, en el trabajo, a fin de que estas mismas realidades, sin dejar de ser ellas mismas, se conviertan en símbolos de justicia y del amor entrañable de Dios a favor de sus hijos. San Ambrosio decía: "No es parte de tus bienes lo que tú das al otro; lo que le das al pobre le pertenece, porque lo que ha sido creado, para uso de todos tú te lo apropias". El centro del relato es Jesús, pero también ocupan un lugar muy importante los discípulos. Ahora son enviados por Jesús a colaborar con Él en la tarea de partir el pan, alimentar al pueblo hambriento. Ahora bien, el pasaje de la distribución del pan no se puede reducir a un mero recuerdo del pasado sin relación al presente. La gente continúa teniendo hambre, y Jesús sigue presentándose como el Pan que sacia.
Vicente Martínez: Corpus Christi.. Un triticum panem cultivado en campos personales y un vitis vinífera, guardado con mimo en las cubas de nuestras ancestrales bodegas.
José Luis Sicre: Jesús alimenta, la comunidad recuerda. Si la lectura de Melquisedec en el Génesis ha sido considerada el primer anuncio de la Eucaristía, la multiplicación de los panes es el segundo. Jesús realiza los gestos típicos de la eucaristía: alza la mirada al cielo, bendice los panes, los parte y los reparte. Al final, las sobras se recogen en doce cestos.
Mari Paz López Santos: Tú, todos y todo.. Imaginaba la misa sobre el mundo conteniendo las gentes: alegrías, sufrimiento, errores, deseos, oración y silencio; todo lo que vive en la naturaleza: árboles, plantas, flores, insectos, pájaros, peces…