En el Evangelio de este domingo, escucharemos la expresión: "Yo he venido a prender fuego en el mundo, y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!". ¿De que está hablando Jesús? El carácter enigmático de su lenguaje conduce a los exégetas a buscar la respuesta en diferentes direcciones. La imagen del "fuego" nos está invitando a acercarnos a su misterio de manera más ardiente y apasionada. El fuego que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Jamás podrá ser desvelado ese amor insondable que anima su vida entera. Nadie podrá seguirlo con el corazón apagado o con piedad aburrida. Su palabra hace arder los corazones. Se ofrece amistosamente a los más excluidos, despierta la esperanza en las prostitutas y la confianza en los pecadores más despreciados, lucha contra todo lo que hace daño al ser humano. Jesús nos está llamando a vivir en verdad y a amar sin egoísmos. Su fuego no ha quedado apagado al sumergirse en las aguas profundas de la muerte. Resucitado a una vida nueva, su Espíritu sigue ardiendo a lo largo de la historia. Los discípulos de Emaús lo sienten arder en sus corazones cuando escuchan sus palabras mientras camina junto a ellos. ¿Dónde es posible sentir hoy ese fuego de Jesús? ¿Dónde podemos experimentar la fuerza de su libertad creadora? ¿Cuándo arden nuestros corazones al acoger su Evangelio? ¿Dónde se vive de manera apasionada siguiendo sus pasos? Aunque la fe cristiana parece extinguirse hoy entre nosotros, el fuego traído por Jesús al mundo sigue ardiendo bajo las cenizas. No podemos dejar que se apague. Sin fuego en el corazón no es posible seguir a Jesús.
José Antonio Pagola: Sin fuego no es posible. En un estilo claramente profético, Jesús resume su vida entera con unas palabras insólitas: «Yo he venido a prender fuego en el mundo, y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!». ¿De qué está hablando Jesús?
Guadalupe Labrador: ¿Qué fuego nos consume? ¿Qué paz buscamos? Ser fuego, vivir el bautismo y experimentar la paz que trajo Jesús merece la pena, porque se nos ha dado el reino y se nos envía cada día a proclamarlo, compartirlo, sembrarlo y ¡gozarlo!
Mari Paz López Santos: ¡Vamos de visita! Visitar implica moverse, cerca o lejos, salir, ponerse en marcha; abandonar el espacio de confort (que decimos ahora); adentrarse en la realidad del otro.