Después del descanso veraniego retomamos nuevamente nuestros quehaceres cotidianos, empezando una vez más el curso con ilusión y esperanza. La liturgia de este domingo nos invita al seguimiento pleno y radical de Jesucristo. “Aquel que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulos míos”, es decir, si vive solo para disfrutar de su bienestar, si se preocupa únicamente de sus intereses, que no se engañe, no puede ser discípulo de Jesús. Le falta libertad interior, coherencia y responsabilidad para tomarlo en serio. Según los sinópticos, las renuncias se refieren a tres núcleos fundamentales de la vida humana y cristiana: renuncia a los bienes materiales, renuncia a la familia y finalmente, renuncia a sí mismo, que por cierto, en los evangelios va siempre asociada a la cruz que ha de cargar quien se decida a seguir a Jesús. “Si Alguien quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo, tome su cruz y sígame”. Si uno vive evitando problemas y conflictos, si no sabe asumir riesgos y penalidades, si no está dispuesto a soportar sufrimientos por el reino de Dios y su justicia, no puede ser discípulo de Jesús. Por tanto, podemos afirmar que las renuncias no sólo son necesarias para el seguimiento de Jesús. También son necesarias para cumplir con la misión cristiana de anunciar el Evangelio de Jesús. Para colaborar en la misión de Jesús, es menester estar a dispuestos a compartir su camino y su destino, su estilo de vida. Jesús no buscó la cruz, pero la encontró en su camino, porque se mantenía fiel a su misión. En definitiva, las renuncias son necesarias para ser libres. No se puede ser cristiano de cualquier manera. No hemos de confundir la vida cristiana con formas de vivir que desfiguran y vacían de contenido el seguimiento humilde, pero responsable a Jesús. Sorprende la libertad del Papa Francisco para denunciar estilos de cristianos que poco tienen que ver con los discípulos de Jesús: “cristianos de buenos modales, pero malas costumbres”, “creyentes de museo”, “hipócritas de la casuística”, “cristianos incapaces de vivir contra corriente”, “cristianos educados” que no anuncian el evangelio.
Rosario Ramos: En coherencia y con honestidad. Cuando Jesús nos invita a vivir desde el discernimiento, la honestidad, la coherencia y la profundidad como caminos para vivir, en autenticidad, nuestra opción creyente.