En el Evangelio de este domingo, Jesús nos pide dos actitudes: Igualdad y humildad. Dios es Padre. Nos quiere. De ahí viene todo. Ese amor envuelve el mundo. Nos lo explicó Jesús con su propia vida. Su amor nos sustenta. En Él radica nuestra dignidad. A partir de esta premisa, no es un poco cuestión de risa andar por la vida aspirando a primeros puestos. ¿Gastando energía, pisando a gente, para lograr ser los primeros? Primeros ya lo somos. Hemos sido los primeros al ser amados. No hay uno, dos, ni tres en el podium… ¿Puede el amor distinguir o valorar a unos más que a otros? Además, el Corazón de Dios siempre se va del lado del último… Aprovechemos el banquete de la vida para amar. De carreras, puestos y otros asuntos, que se ocupen otros. No es lo de Dios. No es lo nuestro. Lo nuestro es amar y compartir.
Carme Soto: Compartir la mesa compartir la vida. Una llamada a las comunidades cristianas, para ser inclusivas y abiertas en las que se respeten las diferencias, se construyan espacios de equidad y se proclame un Dios gratuito y lleno de amor y perdón.