En el Evangelio de este domingo, san Lucas nos relata claramente la escena bíblica que muchos conocemos: Jesús que entra en Jericó, y va a atravesar la ciudad y allí aparece un hombre llamado Zaqueo que era Jefe de los publicanos y que quería ver a Jesús, tenía todas las riquezas pero era limitado en su altura, por eso decide subir a un sicomoro que es un gran árbol, para poder ver y reconocer a Jesús.También nosotros estamos llamados a descubrir cuáles son aquellas riquezas que nos impiden ver a Jesús, cuales son aquellas riquezas que de alguna manera nos atan, nos esclavizan, no nos permiten sentirnos libres y nos limitan. Sin embargo Zaqueo no se quedo en su límite de estatura sino que busco ver a Jesús, algo había en su corazón, alguien le habría hablado de Jesús, alguien le habría contado lo que Jesús era capaz de regalarle, de darle, el tesoro, la riqueza que le podía dar Jesús y eso para nosotros tiene mucha validez porque nosotros debemos aprender de tantos hombres y mujeres que se han encontrado con Jesús, que quizás estaban en caminos alejados como nos ha pasado a nosotros y que de algún modo hemos buscado encontrarnos con el Señor de la vida, ya que somos sus criaturas y por lo tanto siempre buscamos al creador.
José Luis Sicre: El extraño caso del explotador que se convierte.La diferencia entre Jesús y sus partidarios radica en la forma de considerar al jefe de publicanos. Mientras Jesús lo considera una persona y lo llama por su nombre («Zaqueo, baja…»), sus partidarios lo desprecian («un pecador»).
Enrique Martínez Lozano: Juicio o acogida. Lo que percibimos en Jesús es la actitud de no-juzgar (ausencia de prejuicios o etiquetas), proximidad y acogida, que nacen de la capacidad de ver con una mirada limpia.