ÉSTE ES EL CORDERO DE DIOS, QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO
Estamos en el segundo domingo del tiempo ordinario (A). En el Evangelio, escuchamos a Juan que habla de Jesús como el Cordero de Dios, “al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Jesús es llamado el Cordero: es el Cordero que quita el pecado del mundo. Uno puede pensar: ¿pero cómo, un cordero, tan débil, un corderito débil, cómo puede quitar tantos pecados, tantas maldades? Con su Amor, con su mansedumbre.
Jesús no dejó nunca de ser cordero: manso, bueno, lleno de amor, cercano a los pequeños, cercano a los pobres. Estaba allí, entre la gente, curaba, enseñaba, oraba. Tan débil Jesús, como un cordero. Pero tuvo la fuerza de cargar sobre sí todos nuestros pecados, todos. Muchas veces, cuando miramos nuestra conciencia, encontramos en ella algunos que son grandes. Pero Él los carga. Y para nosotros hoy, ser discípulos de Jesús Significa poner en el sitio de la malicia, la inocencia; en el lugar de la fuerza, el amor; en el lugar de la soberbia, la humildad; en el lugar del prestigio, el servicio.
Juan también habla de Jesús que bautiza con el Espíritu Santo; Jesús es el Hijo de Dios que puede bautizar con el Espíritu Santo. Jesús comunica su Espíritu para penetrar, empapar y transformar el corazón de la persona. El Espíritu de Jesús es “Espíritu de verdad”. Dejarnos bautizar por él es poner verdad en nuestro cristianismo. No dejarnos engañar por falsas seguridades. Recuperar una y otra vez nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús. Abandonar caminos que nos desvían del evangelio. El Espíritu de Jesús es “Espíritu de amor”, capaz de liberarnos de la cobardía y del egoísmo de vivir pensando sólo en nuestros intereses y nuestro bienestar. Dejarnos bautizar por él es abrirnos al amor solidario, gratuito y compasivo.
Vicente Martínez: Ver a Jesús. Un hombre como nosotros, partícipe de nuestras flaquezas. Un regalo del amor que no se compra, ni se vende, y que basta con recibirlo con el corazón abierto.
José Luis Sicre: El testimonio de Juan Bautista.El cuarto evangelio sigue un camino muy distinto al de los sinópticos: Jesús va al Jordán, pero no cuenta el bautismo; en cambio, introduce un breve discurso de Juan Bautista.
José Antonio Pagola: Lo primero.Algunos ambientes cristianos del siglo I tuvieron mucho interés en no ser confundidos con los seguidores del Bautista.