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Robertus Kardi 10 Enero 2020 7799

ESTE ES MI HIJO AMADO, EN QUIEN ME COMPLAZCO


En este domingo, al final del tiempo litúrgico de la Navidad, celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. La página del Evangelio de Mateo subraya que, cuando Jesús recibió el bautismo de Juan en el río Jordán, “se abrieron los cielos”. …Si el cielo permanece cerrado, nuestro horizonte en esta vida terrena es sombrío, sin esperanza. En cambio, celebrando la Navidad, la fe una vez más nos ha dado la certeza de que el cielo se rasgó con la venida de Jesús. Y en el día del bautismo de Cristo contemplamos aún el cielo abierto.

Desde que el Verbo se hizo carne es posible ver el cielo abierto. Fue posible para los pastores de Belén, para los Magos de Oriente, para el Bautista, para los Apóstoles de Jesús, para… Y es posible también para cada uno de nosotros, si nos dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado por primera vez en el Bautismo. ¡Dejémonos invadir por el amor de Dios! ¡Éste es el gran tiempo de la misericordia!

“Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Jesús recibió la aprobación del Padre celestial, que lo envió precisamente para que aceptara compartir nuestra condición, nuestra pobreza. Compartir es el auténtico modo de amar. Jesús no se disocia de nosotros, nos considera hermanos y comparte con nosotros. Así, nos hace hijos, juntamente con Él, de Dios Padre.

 

COMENTARIOS 

  • Dominicos 
  • Vicente Martínez: Justicia Plena. En el Nuevo Testamento, justicia supone honradez, justicia, inocencia.
  • José Luis Sicre: Bautismo de Jesús. ¿Cómo es posible que Jesús se ponga por debajo de Juan y se someta a un bautismo para el perdón de los pecados? Para evitar ese posible escándalo, introduce un diálogo entre los dos protagonistas.
  • José Antonio Pagola: Experiencia personal. El encuentro con Juan Bautista fue para Jesús una experiencia que dio un giro a su vida.
  • Rosario Ramos: Tú eres mi hij@. El Bautismo de Jesús nos revela a Dios como Voz creadora que da a luz una nueva vida empoderada desde dentro, digna de amor y fuente de su felicidad; un vínculo indestructible que nos compromete en horizontal con todos los hermanos y hermanas que también son sus hijos.

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