Estamos en el segundo domingo del tiempo de Navidad. Durante la Navidad hemos contemplado el misterio del amor de Dios, un Dios cercano y comprometido con nuestra vida, un Dios que nos ama tanto que nos envió a su propio Hijo, que comparte con Él la misma gloria y el mismo poder, siendo Él totalmente Dios es por su Encarnación totalmente hombre. Ante esta afirmación el evangelista insiste en que Jesucristo toma nuestra carne, era Dios, estaba con Dios y que todo había sido hecho por Él y en Él.
Al final de este periodo de la Navidad, el pasaje lo podemos reflexionar desde la perspectiva de Juan el Bautista y la respuesta de los hombres. Hemos visto la actitud de Juan, su testimonio, que anunció y predispuso la llegada del Señor, pero ante el amor total de Dios, la respuesta de muchos fue el rechazo, el preferir las tinieblas a la luz, el dar la espalda a Aquel que nos amó primero, que nos amó totalmente, que se nos dio por entero y que nos hizo sentir su amor incondicional.
Juan nos dice: En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Esta es la respuesta del hombre ante el amor de Dios. Pero un pasaje como éste, después de haber celebrado la Navidad, adquiere una perspectiva más profunda porque nos hace tomar conciencia de la necesidad de darle una respuesta al Señor por al amor que Él nos demostró y que hemos celebrado durante este tiempo.
El testimonio de Juan el Bautista es el proyecto de vida que nos deja este pasaje. Somos portadores del misterio de amor de Dios y no lo podemos guardar solo para nosotros, sino que tenemos que darlo a conocer y anunciar lo que hemos celebrado y reflexionado.
Ante el amor de Dios, que no tiene límites, vivamos nuestra fe con una actitud de docilidad para ser sus instrumentos y para darlo a conocer, anunciando con nuestra vida, con nuestra manera de ser y de actuar que el Señor es el Dios vivo hecho Carne, que puso su tienda entre nosotros y que está a nuestro lado.
Vicente Martínez: Noche y día. Una luz espiritual que no puede quedar encerrada en nuestra casa y estar exclusivamente a nuestro servicio.
José Luis Sicre: La Sabiduría y la Palabra. Aunque en la Iglesia primitiva se identificó a Jesús con la Sabiduría de Dios, el autor del cuarto evangelio prefiere el término Palabra, muy frecuente en la teología judía de la época, con claras referencias a los antiguos profetas que recibían la palabra del Señor y la proclamaban.
Carme Soto Varela: La salvación hecha palabra eterna.La Palabra, que se hacía humanidad, no había que buscarla en ningún diccionario, ni entenderla según ninguna creencia específica, sino que había que recibirla, acogerla, sostenerse en ella y proclamarla en la vida.
Vicky Irigaray: 2º Domingo de Navidad.Vivamos como hijos e hijas de la luz, siendo cauce, mediación de la Buena Noticia, ofreciendo siempre una palabra oportuna que consuele, aliente, bien diga, valore y reconozca al otro.