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Ivanildo Quaresma 03 Diciembre 2020 1275

¡Preparad el camino al Señor!


Este segundo domingo de adviento nos invita a descubrir en la figura de Juan el Bautista el valor y las implicaciones del desierto: valor de un decir sin ambigüedad desde el lenguaje de la desnudez, desde el vacío de lo superfluo y la conciencia de lo necesario. Valor de coherencia y humildad para comprender quién es el Dios de la Vida y quiénes somos trabajadores de su mies. El desierto remite a dificultad, incluso, a crisis. Sin embargo, si tomamos como referencia el significado etimológico de la palabra ‘crisis’ nos encontramos con que se trata de un momento ‘oportuno’ para definir, para hacer opciones y tomar caminos que conduzcan nuestra vida a una mayor plenitud de amor y sentido. Esa es la propuesta que Juan trae desde los desiertos de la existencia. Es más, quizá son los desiertos de la vida los lugares privilegiados donde preparar nuestra capacidad de encuentro y acogida con el Señor. "Preparad el camino al Señor". Tal vez esta es la primera llamada que hemos de escuchar hoy los cristianos. La más urgente y decisiva. Antes que nada hemos de pararnos a detectar qué zonas de nuestra vida no están iluminadas por el Espíritu de Jesús. Además, hemos de discernir la calidad evangélica de lo que hacemos. La palabra de Jesús nos puede liberar de algunos autoengaños. Si no somos un grupo configurado por los rasgos esenciales de Jesús, ¿qué somos exactamente? Es esencial "buscar el reino de Dios y su justicia". Rebelarnos frente a la indiferencia social que nos impide mirar la vida desde los que sufren. Resistirnos a formas de vida que nos encierran dentro de nuestro egoísmo. Si no contagiamos compasión y atención a los últimos, ¿qué estamos difundiendo en la sociedad? Hay un "imperativo cristiano" que podría orientarnos en la búsqueda real de la justicia de Dios en el mundo: actuar en nuestras comunidades cristianas de tal forma que ese comportamiento se pudiera convertir en norma universal para todos los humanos. Señalar con nuestra vida caminos hacia un mundo más justo, amable y esperanzado. Seguramente sería enriquecedor introducir entre nosotros aquel lema incisivo y sugerente que circuló hace unos años en comunidades cristianas de Alemania: "Piensa globalmente y actúa localmente". Hemos de abrir el horizonte de nuestras comunidades hasta el mundo entero; aprender a procesar la información que recibimos, desde la mirada compasiva de Dios hacia todas sus criaturas. Luego, abrir caminos de compasión y justicia en el pequeño mundo en que nos movemos cada día.

 

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