¡Yo soy la voz que grita en el desierto!
Este tercer domingo de Adviento, es conocido como “Domingo de Gaudete”, que en latín significa alégrate. Una invitación a la alegría. El cambio para recibir a Jesús ha de ser un cambio alegre: reconozcamos nuestros límites, cambiemos nuestra actitud y vivamos con auténtica alegría. La liturgia nos invita a leer qué hay de vida en los “desiertos” de nuestro tiempo. Este año 2020 hemos experimentado que el desierto puede ser no sólo un lugar geográfico sino una experiencia vital, física. La pandemia nos ha confrontado con muchos tipos de soledades, de pérdidas. También nos ha ayudado a recuperar cosas y situaciones esenciales que habíamos olvidado vivir o disfrutar. Porque en lugares y momentos difíciles también se pueden abrir paso la confianza en el futuro y la alegría. El desierto puede ser lugar de crisis, pero también de encuentro, donde afloran las debilidades, pero también las fortalezas y recursos insospechados. El testimonio de los profetas (Isaías y Juan), nos estimula a convertirnos en portavoces de los que no tienen voz. No debemos olvidar que muchos ruidos e intereses creados pretenden silenciar la voz de Dios y su Espíritu en la vida pública, en el devenir de la historia que Dios nos invita a construir desde las periferias. Cada encuentro con Jesús resucitado en la eucaristía nos empujar a “no apagar el Espíritu”, a mantenernos constantes en la oración y el combate frente al mal. Contemplar la figura del Bautista nos permite recuperar la actitud adecuada: dar paso a Jesús y tratar de percibir y comprender su estilo mesiánico ("salvador" es lo que significa mesiánico). Y la figura de Juan el Bautista nos facilita percibir el contraste entre el "bullicio" de calles y escaparates y la "alegría" que brota de la Buena Noticia (Evangelio) para los que sufren. La proclamación de esta Buena Noticia es la que define la misión de Jesús, el Mesías. Da la impresión de que les hemos robado la Navidad a los pobres, que es la puerta a su esperanza, y nosotros se la quitamos con el bullicio del despilfarro. La Navidad es un grito contra la injusticia y una denuncia contra el mundo que estamos construyendo. Sin embargo, el grito de denuncia lo realiza Jesús de una forma totalmente distinta a como lo esperaríamos: lo realiza un Niño indefenso, sin violencia, con las armas de la paz y la misericordia.
COMENTARIOS:
- Dominicos
- Vicente Martínez: Jesús, profeta itinerante. Un “testigo” –el que da testimonio– no puede detenerse en su tarea y congelarse en la orilla del camino. Dejaría de ser lo que es y, con ello, traicionaría su vocación de profeta. Un despertar movilizador es garantía de resurrección.
- José Luis Sicre: Preparación a la Navidad en tres actos. La liturgia del tercer domingo de Adviento, teniendo en cuenta la cercanía de la Navidad, pretende ser una clara invitación a la alegría.
- José Antonio Pagola: Testigos de la luz. Es curioso cómo presenta el cuarto evangelio la figura del Bautista. Es un «hombre», sin más calificativos ni precisiones. Nada se nos dice de su origen o condición social.
- Rosario Ramos: Ser la voz que anuncia la LUZ. Somos invitad@s a facilitar el intercambio entre la humanidad y la Divinidad que proyecta una nueva LUZ en nuestra historia. Ser voz, ser mensaje que anuncia la LUZ, supone vivir desde una visión más positiva de la vida, de nuestra identidad como personas y como colectivo humano.
