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Ivanildo Quaresma 17 Diciembre 2020 1588

¡Hágase en mí según tu palabra!


El Señor está ya a las puertas. Quedan muy pocos días de preparación para sua venida. Si el Adviento lo hemos vivido a medias, es tiempo de hacer un último esfuerzo y reaccionar. Hoy es el cuarto y último domingo. Recordamos otra vez a María y la saludamos como lo hizo el Ángel Gabriel, con estas palavras: "¡Alégrate María!" 

En medio de estos tiempos de incertidumbre y oscuridad, llenos de problemas y dificultades, lo primero que sorprendentemente se nos pide es no perder la alegría. Sin alegría la vida se hace más difícil y dura. El Señor está contigo. Es la alegría interior y la confianza que nace en quien se enfrenta a la vida con la convicción de que no está sola. No temas. Son muchos los miedos que pueden despertarse. Miedo al futuro, a la enfermedad, a la muerte. Nos da miedo sufrir, la soledad, el no ser amados. Necesitamos confianza, seguridad, luz. Jürgen Moltmann, el gran teólogo de la esperanza decía así: "La palabra última y primera de la gran liberación que viene de Dios no es odio sino alegría; no es condena sino absolución". Es lo que escucha María "Alégrate". Sin embargo, la alegría no es fácil. A nadie se le puede forzar a que esté alegre; no se le puede imponer la alegría desde fuera. El verdadero gozo ha de nacer en lo más hondo de nosotros mismos. De lo contrario será risa exterior, carcajada vacía, euforia pasajera, pero la alegría quedará fuera, a la puerta de nuestro corazón. La alegría es un regalo hermoso, pero también vulnerable. Pero hay algo más. ¿Cómo se puede ser feliz cuando hay tantos sufrimientos sobre la tierra? ¿Cómo gozar cuando dos terceras partes de la humanidad se encuentran hundidas en el hambre, la miseria o la guerra? La alegría de María es el gozo de una mujer creyente que se alegra en Dios salvador, el que levanta a los humillados, el que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos. La alegría verdadera solo es posible en el corazón del que anhela y busca justicia, libertad y fraternidad para todos. María se alegra en Dios, porque viene a consumar la esperanza de los abandonados. Solo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con los que lloran. Solo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los humillados. Solo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a los demás. Solo puede celebrar la Navidad quien busca sinceramente el nacimiento de un hombre nuevo entre nosotros.

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