En el Evangelio de este domingo, Juan el Bautista nos habla del Bautismo de Jesús: «Apenas salió del agua vio rasgarse los cielos». Vuelve a la memoria la súplica del profeta Isaías: «¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!». Esta invocación fue escuchada en el acontecimiento del Bautismo de Jesús. Y de este modo termina el tiempo de los «cielos cerrados», que indican la separación entre Dios y el hombre, consecuencia del pecado. El pecado nos aleja de Dios e interrumpe el vínculo entre la tierra y el cielo, determinando así nuestra miseria y el fracaso de nuestra vida.
Los cielos abiertos indican que Dios ha donado su gracia para que la tierra dé su fruto. Así, la tierra se convirtió en la morada de Dios entre los hombres y cada uno de nosotros tiene la posibilidad de encontrar al Hijo de Dios, experimentando, de este modo, todo el amor y la infinita misericordia. A Dios lo encontramos realmente presente en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Lo podemos reconocer en el rostro de nuestros hermanos, en especial en los pobres, enfermos, presos y refugiados: ellos son carne viva del Cristo que sufre e imagen visible del Dios invisible.
La venida del Espíritu Santo, permite al Cristo, el Consagrado del Señor, inaugurar su misión, que es nuestra salvación. El Espíritu Santo que animó totalmente la vida y el ministerio de Jesús, es el mismo Espíritu que hoy guía la vida cristiana, la existencia de un hombre y de una mujer que se dicen y quieren ser cristianos. Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión, que todos recibimos en virtud del Bautismo, significa volver a encontrar la valentía apostólica necesaria para superar fáciles comodidades mundanas.
Un último aspecto surge con fuerza de las lecturas bíblicas de hoy: en el Bautismo somos consagrados por el Espíritu Santo. La palabra «cristiano» significa esto, significa consagrado como Jesús, en el mismo Espíritu en el que fue inmerso Jesús en toda su existencia terrena. Él es el «Cristo», el ungido, el consagrado, los bautizados somos «cristianos», es decir consagrados, ungidos.
Rosario Ramos: El otro nacimiento. El Bautismo de Jesús nos revela un nuevo nacimiento al que todos estamos llamad@s a despertar; es la revelación de nuestra verdadera naturaleza en conexión con la realidad Divina que es origen y horizonte de nuestra vida.
Vicky Irigaray:Bautismo del Señor.Bautizados como Jesús, somos ungidos para servir y hacer el bien, para continuar su obra liberadora y anunciar al mundo la Buena Noticia de la Vida.