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Robertus Kardi 01 Enero 2021 1493

PARA QUE COMPRENDÁIS CUÁL ES LA ESPERANZA A LA QUE OS LLAMA


En el Texto del “Prólogo” del Evangelio de San Juan, no es Jesús el que habla, ni se relata algún hecho de su vida, de modo semejante al resto de Evangelio. El evangelista, en lenguaje poético, nos habla de los orígenes de Jesús y de su venida hacia nosotros. Con profunda admiración y alegría, se nos dice que éste recién nacido no es otro que el Hijo de Dios hecho hombre, el Verbo, la Palabra misma de Dios que ha existido desde siempre, y que es el mismo Dios.

    En este Verbo omnipotente, en el Hijo Eterno del Padre, se encuentra la LUZ y la VIDA: la creación que Dios obra por su Verbo es un despliegue de luz y vida, que vencen a la oscuridad y la muerte. Contemplando todo lo que existe, podemos “escuchar a Dios”, que silenciosa pero maravillosamente nos habla por sus criaturas: el cielo estrellado; el amanecer y el atardecer; la majestuosidad del mar inmenso; la belleza de un paisaje nos hablan de que hay “Alguien” detrás, sin ninguna duda.

    Pero ante esta presencia, los hombres reaccionan de diversas maneras: Algunos, admirados de estas obras, las adoran como a dioses (Sol, Luna, estrellas)… Otros andan tan tristes y abatidos que ni siquiera levantan la cabeza para verlas. Si contemplasen la grandeza de la creación sólo por un momento, descubrirían que Dios les está hablando “el Verbo estaba en el mundo, pero el mundo no lo conoció”…     Pero Dios no renuncia a dialogar y compartir con nosotros, y nos habla de un modo aún más claro: “En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por su Hijo”.

    Al hacerse hombre débil como nosotros, el Verbo no dejó de ser lo que era: el Hijo de Dios y se hizo hombre para que el hombre comience a ser hijo de Dios. Al hacerse Él de nuestra raza, todos comenzamos a ser familiares de Dios.

    Así, pues, el Verbo de Dios nos habla nuevamente, clarísimamente, en nuestra lengua. Todos estamos invitados a acercarnos al pesebre, para ver al recién nacido. Su presencia tiene que hacernos reflexionar. En este Niño, Dios nos está diciendo que nos ama… y hasta dónde. Nos está pidiendo que salgamos de nuestro egoísmo y nuestra indiferencia, que nos abramos a Él y a los demás hombres. Nos invita a todos a ser la familia de los hijos de Dios.

 

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