Mi Cuerpo…mi Sangre: ¡Tomad!
Celebramos en este domingo la fiesta del Corpus Christi y se nos brinda de nuevo una ocasión para profundizar en el significado de la fracción del pan y poner el acento en lo más importante: comulgar con la vida de Jesús, seguir su ejemplo, hacernos ‘pan partido’ para los demás.
En esta solemnidad, celebramos también el Día de la Caridad, el Día de Cáritas, la institución de la Iglesia al servicio de los más pobres. No es una mera coincidencia: la Eucaristía no sólo es expresión de comunión en la vida de la Iglesia; es también proyecto de solidaridad para toda la humanidad.
Jesús crea un clima especial en la cena de despedida que comparte con los suyos la víspera de su ejecución. Sabe que es la última. Ya no volverá a sentarse a la mesa con ellos hasta la fiesta final junto al Padre. Quiere dejar bien grabado en su recuerdo lo que ha sido siempre su vida: pasión por Dios y entrega total a todos.
Esa noche lo vive todo con tal intensidad que, al repartirles el pan y distribuirles el vino, les viene a decir estas palabras memorables: "Así soy yo. Os doy mi vida entera. Mirad: este pan es mi cuerpo roto por vosotros; este vino es mi sangre derramada por todos. No me olvidéis nunca. Haced esto en memoria mía. Recordadme así: totalmente entregado a vosotros. Esto alimentará vuestras vidas".
Para Jesús es el momento de la verdad. En esa cena se reafirma en su decisión de ir hasta el final en su fidelidad al proyecto de Dios. Seguirá siempre del lado de los débiles, morirá enfrentándose a quienes desean otra religión y otro Dios olvidado del sufrimiento de la gente. Dará su vida sin pensar en sí mismo. Confía en el Padre. Lo dejará todo en sus manos.
Celebrar la eucaristía es hacer memoria de este Jesús, grabando dentro de nosotros cómo vivió él hasta el final. Reafirmarnos en nuestra opción por vivir siguiendo sus pasos. Tomar en nuestras manos nuestra vida para intentar vivirla hasta las últimas consecuencias.
Celebrar la eucaristía es, sobre todo, decir como él: "Esta vida mía no la quiero guardar exclusivamente para mí. No la quiero acaparar solo para mi propio interés. Quiero pasar por esta tierra reproduciendo en mí algo de lo que él vivió. Sin encerrarme en mi egoísmo; contribuyendo desde mi entorno y mi pequeñez a hacer un mundo más humano".
Es fácil hacer de la eucaristía otra cosa muy distinta de lo que es. Basta con ir a misa a cumplir una obligación, olvidando lo que Jesús vivió en la última cena. Basta con comulgar pensando solo en nuestro bienestar interior. Basta con salir de la iglesia sin decidirnos nunca a vivir de manera más entregada.
COMENTARIOS:
- Vicente Martínez: Compartir el pan. La Eucaristía tiene carácter comunitario: se comparten la comida y las palabras de Jesús.
- José Luis Sicre: La sangre y el pan. La acción de Jesús en la Cena de Pascua escenifica una nueva alianza. En la antigua alianza bastaba matar unos animales para obtener su sangre. La nueva, en cambio, supone un sacrificio personal, el sacrificio supremo de entregar la propia vida, la propia carne y sangre.
- Enrique Martínez Lozano: Somos todas las cosas. La presencia real de Cristo en la Eucaristía se enriquece desde la comprensión no-dual. Desde ella, el acento se coloca en la unidad radical de todo, más allá de las diferencias.
- José Antonio Pagola: Hacer memoria de Jesús. Jesús crea un clima especial en la cena de despedida que comparte con los suyos la víspera de su ejecución. Sabe que es la última.
- Dolores Aleixandre: "Tragarse" a Jesús. Desear, al menos, irnos poniendo de acuerdo con Jesús, creciendo en afinidad con él.
