PEQUEÑAS SEMILLAS DE COMPROMISO
Reiniciamos con los domingos del Tiempo Ordinario y Jesús en el Evangelio, resalta la acción de Dios en el mundo comparándola con una semilla que aún siendo algo, insignificante lleva en sí, como un embrión, una potencia misteriosa capaz de trasformar la relación de Dios con el hombre. Dios es puro don, y no se puede comprar con nada. Por otra parte, a Dios le tira lo pequeño, lo que no cuenta, lo humilde, lo sencillo. Vivimos ahogados por las malas noticias. Emisoras de radio y televisión, noticiarios y reportajes descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, guerras, hambres y violencias, escándalos grandes y pequeños. Los «vendedores de sensacionalismo» no parecen encontrar otra cosa más notable en nuestro planeta. La increíble velocidad con que se difunden las noticias nos deja aturdidos y desconcertados. ¿Qué puede hacer uno ante tanto sufrimiento? Cada vez estamos mejor informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos más impotentes para afrontarlo. La ciencia nos ha querido convencer de que los problemas se pueden resolver con más poder tecnológico, y nos ha lanzado a todos a una gigantesca organización y racionalización de la vida. Pero este poder organizado no está ya en manos de las personas sino en las estructuras. Se ha convertido en «un poder invisible» que se sitúa más allá del alcance de cada individuo. Entonces, la tentación de inhibirnos es grande. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? ¿No son los dirigentes políticos y religiosos quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia más digna, más humana y dichosa? No es así. Hay en el evangelio una llamada dirigida a todos, y que consiste en sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no habla de cosas grandes. El reino de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orígenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla más pequeña, pero que está llamado a crecer y fructificar de manera insospechada. Quizás necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas pequeñas y los pequeños gestos. No nos sentimos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo. Son pequeñas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas sencillas y buenas.
COMENTARIOS:
- Dominicos
- Vicente Martínez: Creer en Jesús. La semilla crece progresivamente en el silencio, desapercibido, pues es Dios es Dios mismo quien la hace crecer. Esto no niega la participación humana, que habla de la siembra y la siega que realiza el agricultor.
- José Luis Sicre: Dos parábolas sobre el reino de Dios. Una invitación a confiar en la acción misteriosa de Dios en la Iglesia y en cada uno de nosotros.
- José Antonio Pagola: No todo es trabajar. Esta parábola, tan olvidada hoy, resalta el contraste entre la espera paciente del sembrador y el crecimiento irresistible de la semilla.
- Rosario Ramos: La fuerza de lo oculto. Jesús toma la palabra para revelar cómo actúa el dinamismo divino en la realidad humana. Imperceptible a nuestros sentidos, pero pujante en nuestra existencia como fuerza vital que nos hace crecer desde lo que somos.
