Skip to main content
Robertus Kardi 02 Julio 2021 978

NO DESPRECIAN A UN PROFETA MÁS QUE EN SU TIERRA


El Evangelio de este domingo nos habla de cómo Jesús no fue aceptado ni creído por los suyos, por sus paisanos. Jesús vuelve a Nazaret, va a la sinagoga y comienza a hablar. En un primer momento toda la gente lo escuchaba con amor, feliz y estaba asombrada de las palabras de Jesús: estaban contentos. Pero Él prosigue con su discurso y reprende la falta de fe de su pueblo.

“…Ningún profeta es aceptado en su pueblo”. Así, pues, a cuantos lo escuchaban en la sinagoga «al inicio» les parecía algo hermoso y aceptaban ese estilo de conversación y de acogida. Pero cuando Jesús comenzó a dar la Palabra de Dios se enfurecieron. Así, se pasaron de una parte a la otra, porque la Palabra de Dios es algo distinto respecto a la palabra humana, incluso de la palabra humana más elevada, la palabra humana más filosófica.

  ¿Qué quería esta gente, estos de la sinagoga? Jesús les reprende la falta de fe, tanto que el Evangelio subraya cómo Jesús allí, en ese lugar, no hizo milagros, por la falta de fe… No le creyeron. Llega a decir el Evangelio que no pudo hacer milagros, por las faltas de fe de aquellos oyentes y videntes. Querían el espectáculo. Pero el estilo de Dios no es hacer espectáculo: Dios actúa en la humildad, en el silencio, en las cosas pequeñas… Y si vemos toda la historia de la salvación, encontraremos que siempre el Señor obra así, siempre, con las cosas sencillas». Nos hará bien reconocer cómo el Señor nos ayudó en nuestra vida, cómo nos hizo seguir adelante, y encontraremos que siempre lo hizo con cosas sencillas.

 

COMENTARIOS

¿Te ha gustado este artículo?

compártelo