EL HIJO DEL HOMBRE NO HA VENIDO A SER SERVIDO SINO A SERVIR
Este XVII domingo del Tiempo Ordinario (B) coincide con la fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España. En el evangelio, Jesús nos habla del discipulado como servicio: “Quien quiera ser el primero - o sea el más importante - que sea el último de todos y el servidor de todos”. Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás. Y esta es la gran paradoja de Jesús. Los discípulos discutían quién ocuparía el lugar más importante, quién sería seleccionado como el privilegiado –¡eran los discípulos, los más cercanos a Jesús, y discutían sobre eso! -, quién estaría exceptuado de la ley común, de la norma general, para destacarse en un afán de superioridad sobre los demás.
Y Jesús les trastoca su lógica diciéndoles sencillamente que la vida auténtica se vive en el compromiso concreto con el prójimo. Es decir, sirviendo. La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Son personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, las que Jesús nos invita a defender, a cuidar y a servir.
Porque ser cristiano implica servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. Todos estamos llamados por vocación cristiana al servicio que sirve y a ayudarnos mutuamente a no caer en las tentaciones del “servicio que se sirve”. Todos estamos invitados, estimulados por Jesús a hacernos cargo los unos de los otros por amor.
Miguel Ángel Munárriz: Creerle a Jesús.No suele costarnos demasiado creer “en” Jesús, pero nos cuesta mucho creerle “a” Jesús cuando dice cosas tan sorprendentes como ésta.
José Antonio Pagola: Eucaristía y crisis económica. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un «refugio religioso» que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana.
Mª Luisa Paret: Comerán y sobrará. El signo de liberación humana que realiza Jesús en el evangelio debería rehusar, como él hizo, toda tentación de autosuficiencia.