En su discurso Jesús dice que el pan que él ofrece es superior al pan del desierto (el maná), porque sus antepasados comieron el pan y murieron, en cambio, el que come del pan que Jesús ofrece vivirá para siempre. Aquí Jesús parte de la experiencia del hambre y del signo del pan, para revelarse e invitarnos a creer en Él. La gente lo busca, la gente lo escucha, porque se ha quedado entusiasmada con el milagro, ¡querían hacerlo rey! Pero cuando Jesús afirma que el verdadero pan, donado por Dios, es Él mismo, muchos se escandalizan, no comprenden, y comienzan a murmurar entre ellos… Entonces Jesús responde: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió”, y añade “el que cree, tiene la vida eterna”.
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Jesús dice que no vino a este mundo para dar algo, sino para darse a sí mismo, para dar su vida como alimento para los que tienen fe en Él. Esta comunión con el Señor nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra existencia, de nuestros comportamientos, pan partido para los demás, como Jesús mismo partió el pan que es realmente su carne. Cada vez que participamos en la santa misa y nos nutrimos con el Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, plasma nuestro corazón, nos comunica actitudes internas que se traducen en comportamientos conformes al Evangelio: docilidad a la Palabra de Dios, fraternidad entre nosotros, ser más humildes, coraje del testimonio cristiano, fantasía de la caridad, capacidad de dar esperanza a los que no la tienen, acoger a los excluidos.
Miguel Ángel Munárriz: Pan para el camino. Nos alimentamos cuando perdonamos, cuando nos compadecemos, cuando damos de comer, cuando trabajamos por la paz y la justicia...
José Luis Sicre: Tres tipos de pan. Si los judíos no aceptan que ha bajado del cielo es porque no creen en él. Y si no creen en él, es porque el Padre no los ha llevado hasta él.
José Antonio Pagola: Saber vivir. Una vida plena que va más allá de nosotros mismos, porque es ya una participación en la vida misma de Dios.