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Ivanildo Quaresma 25 Diciembre 2021 722

¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?


En medio de estas celebraciones de Navidad, donde los buenos sentimientos, los reencuentros, los deseos de paz y armonía parece que nos llenan el corazón más que en ningún otro momento del año, nos encontramos a la familia de Nazaret. Y tenemos la oportunidad de recordar al contemplarla que nuestras familias son un espacio privilegiado de amor y de cuidado, nidos de sabiduría, donde siendo niños aprendimos las cosas realmente importantes, donde nos cuidaron con amor y donde nosotros tenemos el privilegio de poder cuidar a nuestros seres queridos.

Recordamos este domingo a la Sagrada Familia, la familia de Jesús. Es una buena ocasión para reflexionar sobre nuestras propias familias. Es mucha la problemática que envuelve hoy este tema. Por eso, no es buena la lamentación que nos empuja a  destacar aspectos negativos de lo que nos rodea y sí centrarnos en una serie de puntos que nos ayuden a animar a vivir desde lo que nos trasmite la familia de Jesús. La pregunta que surge espontáneamente, cuando miramos a la de Nazaret, es: cómo ser hoy una familia cristiana. Parece que no es fácil vivir la realidad familiar en las actuales circunstancias. Tal vez nunca lo fue, pero, pese a eso, y ante la diversidad tan amplia de entender su realidad, es bueno afirmar que uno de los mejores testimonios que los cristianos podemos ofrecer en estos momentos de incertidumbre, es una vida familiar ‘sana’ garantizadora de la estabilidad y la fortaleza de sus miembros. No importa que determinadas corrientes e ideologías soslayen o hagan de menos el modo como los cristianos entendemos la vida en familia. Sí es claro que la familia, construida desde los valores que se hacen presentes en la familia de Nazaret, sigue siendo ese centro que puede garantizar crecimiento en “sabiduría, estatura y en gracia” a todos sus miembros.

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