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F. TOSOLINI ed E. FOSCHIATTO, sx 27 Agosto 2025 592

TAIWÁN, PRUEBAS PARA EL FUTURO DE LA MISIÓN


LA SENCILLEZ Y LA FRATERNIDAD ATRAEN

En un país tan tecnificado como es Taiwán la creatividad de los javerianos presentes en la isla se pone a prueba en el anuncio del Evangelio. Curiosamente, en ese mundo tan complejo es la sencillez de vida, la fraternidad vivida, la disponibilidad para el encuentro, la hospitalidad a quien llama a la puerta que atraen y hacen respirar un aire fresco, lleno de cercanía y simpatía. Es así cómo ha dado origen la “misión como amistad”. La Amistad es el camino que Jesús nos muestra para llegar al Padre y considerar a cada hombre como hermano. Y así, gracias a cada servicio realizado en la parroquia, en la universidad, en el diálogo interreligioso, los javerianos en Taiwán narran la historia de Jesús de Nazaret. Es también el modo de responder a la invitación de San Guido María Conforti: “hacer del mundo una sola familia”.

LA PARROQUIA DE SAN FRANCISCO JAVIER: EL SUEÑO DEL FUNDADOR EN VARIAS FASES

Los misioneros javerianos fueron fundados en Parma en 1895 por un joven sacerdote diocesano, Guido Maria Conforti (1865-1931), que más tarde fue arzobispo de Rávena y después obispo de Parma. Monseñor Conforti fue canonizado el 23 de octubre de 2011. San Francisco Javier, nuestro patrono y modelo, murió antes de realizar su sueño de ir a China. Quizás esta sea una de las razones por las que nuestro fundador envió el primer grupo de misioneros a China.

Hacia 1950, fueron expulsados de China y pronto llevaron el evangelio por otras tierras: en Asia, África, América y Europa. El evangelio nos ha llevado a muchos países, pero nuestro amor por China nunca nos ha abandonado. El Capítulo General de 1966 decidió abrir una pequeña presencia en Taiwán. Dos javerianos junto a tres jóvenes misioneros llegaron a Taipei y comenzaron a servir en la parroquia de San Francisco Javier en el distrito de WenShan. Al mismo tiempo, fundaron un albergue para estudiantes que asistían a universidades cercanas. Esta primera experiencia duró solo 5 años.

SIN DESANIMARNOS

En 1990, la aventura comenzó de nuevo: otro grupo de tres jóvenes llegaron a Taipei para comenzar a estudiar el idioma chino y explorar posibles formas de colaborar con la iglesia local. El arzobispo les invitó a establecerse y trabajar en la parroquia San Francisco Javier en Taipei, la misma parroquia en donde habíamos servido 20 años antes. Es una comunidad parroquial pequeña, pero muy rica en fe y espíritu de colaboración. Toda la comunidad javeriana colabora con el párroco en todos los aspectos (catecumenado, confesiones, grupos de estudio bíblico, proyectos de servicio, actividades ecuménicas, etc.).

Encontramos una gran dificultad para hablar con los adolescentes y jóvenes con una voz más fuerte que la de las redes sociales. Los hay que por diversas circunstancias buscan una vida espiritual, y poco a poco encuentran la fe y piden el bautismo.

EL DESEO DE CONOCER A JESÚS

Desde 2004 el padre Fabrizio enseña Sagrada Escritura en la Facultad de Teología y ocasionalmente es invitado a parroquias y comunidades religiosas para conferencias y retiros bíblicos. El padre Paulin enseñó en el Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad Católica Fu Jen de 2013 a 2020. Después de colaborar con la Comisión para el Diálogo Interreligioso y la Cooperación Ecuménica de la Conferencia Episcopal, ahora sirve en el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso en el Vaticano. Acogemos los encuentros del Foro de China (activo desde 1996): una reunión periódica de personas (religiosas y laicas) interesadas en estudiar, compartir y buscar diferentes maneras de ayudar a la iglesia y a los fieles en China continental; caracterizados por un gran espíritu de hermandad y colaboración. Otro servicio es el Curso de Iniciación para nuevos misioneros, ofrecido desde 2003.

EN COMUNIDAD

Estamos convencidos de que ser misioneros en comunidad es más fructífero que ser navegantes solitarios. En palabras de nuestro Fundador: «El resultado misionero será proporcional al don que ofrezcamos. Podemos esperarlo todo si lo ofrecemos todo (votos, vida comunitaria».

Este espíritu de comunión influye también en nuestras relaciones. Nuestros amigos individuales se convierten en amigos de la comunidad. Nos necesitamos unos a otros para hacer visible el Evangelio. En cuanto al espíritu misionero, continuamos discerniendo nuestra llamada misionera y sus implicaciones para nosotros y para todos los miembros de la comunidad parroquial desde el catecumenado en adelante. Seguimos asombrados por la cantidad de hermanos y hermanas que se acercan a nosotros con el deseo de conocer a Jesús, experimentar su presencia en su vida diaria y formar parte de la Iglesia. Esta es verdaderamente obra de Dios. Supera todos nuestros esfuerzos y por ello seguimos estando agradecidos.

HISTORIA RECIENTE PERO COMPLEJA

Taiwán es una pequeña isla, de unos 30.000 kilómetros cuadrados de superficie y 400 kilómetros de longitud, dividida en dos de norte a sur por una alta cadena montañosa, muy densamente poblada en su parte occidental. Tiene alrededor de 23 millones de habitantes, una población fuertemente envejecida y con muchos trabajadores extranjeros. Su historia escrita es muy reciente, 400 años, pero muy compleja. Pequeñas partes de su territorio estuvieron bajo control holandés durante 40 años, durante los cuales aumentó la inmigración procedente de China continental. Tras expulsar a los holandeses en 1662, los chinos crearon un pequeño reino independiente, que a su vez fue conquistado por los manchúes en 1683. Desde entonces y hasta 1895, aproximadamente la mitad de la isla formó parte del imperio de la dinastía Qing, una dinastía manchú, no china, que ejerció el dominio sobre China desde 1644 hasta 1912. En 1895, tras la derrota sufrida por Japón, con el Tratado de Paz de Shimonoseki, Taiwán se convirtió en colonia japonesa hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Durante todo este tiempo, los distintos gobiernos que controlaban parte del territorio de Taiwán intentaron subyugar a los pueblos autóctonos, primero empujándolos hacia las montañas y luego luchando contra ellos. Actualmente, los pueblos autóctonos están divididos y muy dispersos, con culturas y tradiciones diferentes, y no superan el medio millón de habitantes.

Desde 1945, muchos refugiados chinos han emigrado a Taiwán. También lo han hecho unos dos millones de soldados huyendo de la guerra civil entre el Kuomintang y el Partido Comunista. Derrotado por Mao, Chiang Kai Shek se retiró a Taiwán donde estableció un gobierno dictatorial, hasta 1987, cuando su hijo levantó la ley marcial. Desde entonces, la vida política de Taiwán ha evolucionado hacia un régimen democrático que ha demostrado una gran madurez en estos años. En 1972 Taiwán fue expulsado injustamente de la ONU. En un efecto dominó, se produjo el reconocimiento diplomático por parte de la República Popular China y el aislamiento de Taiwán, que hoy es reconocido por solo una veintena de estados, casi todos muy pequeños. Además de no ser reconocido, sufre una presión muy grande del Partido Comunista de Pekín, que considera a Taiwán como parte de China y que parece estar preparando una invasión. Todo esto trae consecuencias importantes dentro del país. En realidad, la división que ahora se produce entre los partidos políticos al interior del país no parece ser la mejor manera de proponer soluciones al complejo problema de su soberanía. Al mismo tiempo, vemos una sociedad que, en medio de tantos avances científicos y tecnológicos, experimenta las consecuencias negativas intrínsecas a la cultura del mercado: envejecimiento, contaminación, empobrecimiento de la juventud, debilidad moral a todos los niveles, soledad, depresión.

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