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La entrevista de P. Carlos Collantes, sx 14 Noviembre 2025 471

“Carlos Collantes, misionero javeriano: volver a Camerún con la misma ilusión del primer día”


Muchos de nosotros conocemos a Carlos Collantes Díez, misionero javeriano, que ha trabajado en la comunidad de Burlada y de Carabanchel. El año pasado regresó a Camerún, en donde estuvo 12 años, después de 24 años de ausencia, aunque con la misma ilusión del primer día. Os ofrecemos esta entrevista, parte de una más larga, realizada por Enrique Bayo, misionero comboniano, al que agradecemos enormemente por habernos permitido publicarla.

Te ordenaste sacerdote en mayo de 1979 y siete años después llegaste a Camerún.

En 1986 los javerianos abrimos la comunidad de Yaundé en Oyom-Abang, un barrio popular. Llegamos con mucha ilusión invitados por el arzobispo de Yaundé, un hombre muy lúcido que entendió la buena oportunidad para la misión que ofrecía la capital, en esos momentos receptora de una fuerte inmigración proveniente de otras regiones del país.

¿Quiénes fuisteis los pioneros de la apertura de la misión?

Llegamos dos sacerdotes y tres estudiantes de Teología porque, desde su fundación la comunidad de Oyom-Abang ha sido siempre una casa de formación javeriana. Todo era completamente nuevo para nosotros. La primera sensación que experimentas es una inseguridad enorme ya que tienes que adaptarte. Además, los primeros meses los pasé mal porque cogí un tifus que desarmó mi organismo.

¿Cómo afrontaste el nuevo desafío misionero?

Personalmente hice un gran esfuerzo por aprender el ewondo, la lengua local. Detrás de la lengua hay una cultura, una manera de estar en el mundo, de interpretar la realidad, de relacionarse con Dios. También intenté comprender la sabiduría que encierran los proverbios locales. Otro aspecto importante fue visitar los barrios para encontrar y hablar con la gente y no solo con los católicos, sino con todo el mundo.

¿Qué has aprendido en este proceso de inculturación?

Infinidad de cosas, todas muy ricas. Eso me ayudó mucho a comprender mejor la cuestión del sufrimiento y el mal, allí tan presente. A menudo ellos hacen referencia casi siempre a causas ocultas que es necesario identificar, y que como ellos dicen, «el ojo del blanco no ve».

¿Este tipo de creencias persiste entre los católicos?

Sí, este mundo tiene un trasfondo cultural muy arraigado y genera en las personas un miedo muy real cuando el sufrimiento o la muerte les toca de cerca. Esto genera sospechas y desconfianzas y es ahí donde te das cuenta del poder liberador de la fe cristiana. He visto personas muy bien formadas que cuando viven experiencias de sufrimiento consultan a un vidente y por otro lado, gente muy sencilla, sin apenas saber leer pero con una fe sólida en Jesús, cuando atraviesan por circunstancias parecidas se abandonan en total confianza a Jesús y viven la situación dolorosa de una manera mucho más serena.

La elección del nombre de la parroquia ¿tuvo que ver con esta cuestión?

Cuando llegamos la parroquia no tenía todavía un nombre. Alguien dijo en una reunión: ¿y por qué no «Jesús el Buen Pastor»? Y fue el nombre elegido. El nombre, desde el principio, quiso ser una invitación dirigida a nuestros cristianos para decirles: «no tengáis miedo de ese mundo oculto y si lo tenéis, sabed que hay alguien que os protege, os libera y os acompaña». Jesús, el Buen Pastor, ofrece una visión de fe esperanzada frente a todas esas angustias tan reales.

¿Tú has visto ese miedo?

Muchas eran las personas que venían a pedirte ayuda. Es muy importante saber que tengo delante a una persona de carne y hueso que está viviendo una angustia real que debo tomar muy en serio.

¿Cómo actúas ante esta persona?

Siempre a partir de la fe en Jesucristo. Lo primero que hago es escuchar para que se sienta respetada y lo hago con mucha atención porque con frecuencia usan un lenguaje codificado debajo del cual se esconden otros conflictos subterráneos y reales. Después, siempre tienes que hacer algún signo para que se vayan tranquilos. Suelo orar con ellos e imponerle las manos.

¿Has vivido experiencias de transformación, de liberación e incluso de conversión?

Muchas. Recuerdo el caso de Bahel, un curandero tradicional que me llamó para que le ayudara a expulsar los malos espíritus que se habían instalado en el tejadillo de su casa. Nos hicimos amigos y hablaba con él muchas veces, así que le propuse que se hiciera cristiano. Le pedí a un catequista, Germán, que le ayudara en la preparación al bautismo. Bahel se bautizó y ahora una hija suya es religiosa de las Hijas de la Caridad.

¿Qué piensas de las oenegés, cooperantes y asociaciones que llegan a África desde Occidente proponiendo sus valores y su manera de entender la vida?

No tengo experiencia directa de trabajar con oenegés. Pienso que quien viene aquí durante un mes no debe abrir la boca. Hay un proverbio que dice: «el que está de paso, el extranjero, no se da cuenta de cuando un pastel de cacahuete está podrido». Se queda solo en la superficie, por eso hay que ser muy cauto antes de querer imponer otros valores. La propuesta cristiana implica valores humanos y evangélicos que merece la pena compartir con la gente.

Pero también los otros vehiculan valores positivos, aunque no tengan el apellido de evangélicos

Seguro que sí, pero insisto, alguien que venga de fuera sin conocer la realidad no debería decir a la gente lo que tiene que hacer. Hay personas que hablan de reducir la natalidad y pueden tener razón cuando se trata de hacer frente a la paternidad irresponsable, pero hay que saber que aquí se considera una riqueza tener un gran número de hijos. Ahora con la modernidad todo está cambiando. Creo que la poligamia disminuye por la propuesta cristiana, pero también por los condicionantes económicos y por la conciencia de la propia dignidad de muchas mujeres.

Después de dejar Camerún has vivido en España más de 24 años. ¿Qué servicio misionero has prestado?

Regresé a España para acompañar a mi hermano enfermo. Su muerte fue un duro golpe. Después he trabajado en la capellanía africana de Madrid, un trabajo muy humano y muy pastoral. También trabajé en el Servicio Conjunto de Animación Misionera (SCAM) y en CONFER como responsable del área de Misión y Cooperación. Los últimos 10 años fui el Delegado de los Misioneros Javerianos en España.

Hace unos meses regresaste a la parroquia Jesús, el Buen Pastor. ¿Qué cambios has encontrado?

El barrio ha crecido muchísimo y de nuestra parroquia han nacido otras cuatro. Ves signos claros de progreso y de mejora, pero persisten situaciones de precariedad. Por el momento intento abrir los ojos y me siento tranquilo porque manejo las claves culturales de la gente.

¿Y la comunidad?

Somos cuatro padres: Richard, camerunés, que es el párroco; Gilbert, congoleño, rector y formador de los estudiantes; luego está Gianni, un italiano de 80 años que siendo el acompañante espiritual aporta desde su experiencia de vida y yo, que estoy presente en la parroquia como vicario y en la formación como vicerrector. Y con nosotros viven y se forman 10 religiosos jóvenes: cuatro de la RDC, tres burundeses y tres indonesios. Todos colaboran en la pastoral y al mismo tiempo estudian la Teología en un centro, cerca de nuestro barrio. La experiencia de este centro de formación inserto en una parroquia está resultando muy positiva.

Supongo que es un peligro regresar después de tantos años y querer repetir lo mismo que hacías antes.

Ni quiero ni puedo repetir nada. Mis compañeros han trabajado muy bien. Hay muchos grupos y yo intento aportar siguiendo lo ya realizado. Constato un cristianismo devocional, centrado en la religiosidad popular, pero hay que comprender que es su manera de agarrarse a Dios antes tantas dificultades. Hay que ser pacientes y alegrarse de encontrar a tantas personas que viven en Jesús una liberación interior frente a sus miedos.

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