San Francisco Javier, itinerario místico y espiritual
En estas páginas queremos hacer un acercamiento a la figura de San Francisco Javier de la mano de Xavier León-Dufour, jesuita y biblista francés que ha descrito de manera muy profunda en su libro: “San Francisco Javier, experiencia mística y espiritual”. Se trata del gran apóstol de las Indias y del Japón; patrono de las misiones, nacido en Navarra y patrono de los Misioneros Javerianos, nuestro modelo, tal y como lo ha querido San Guido María Conforti, nuestro fundador.
Guido María Conforti un enamorado de Francisco Javier
Por cierto, Conforti en sus años jóvenes, cuando estudiaba en el seminario había leído una biografía de San Francisco Javier, y fue tal el impacto que tuvo al leerla que quiso hacerse jesuita, a condición de ir a China para continuar con la obra de San Francisco Javier. Como dirá Bonardi, su primer biógrafo: “Hablando de su vocación, escribe: al año siguiente o quizás en el quinto año de secundaria, para la práctica de los Ejercicios Espirituales que hacían los seminaristas cada año, vino un padre jesuita. Esta le pareció a Conforti una feliz oportunidad para demostrar su irresistible pasión por el apostolado y pedir luz y consejo. Un hermano de su santo predilecto tenía necesariamente que ser el más apto para recibir las confidencias de un aspirante a misionero. El predicador de los Ejercicios acogió amablemente al seminarista Conforti, examinó los motivos de su vocación y le dirigió palabras de aliento. Esto le hizo atreverse a preguntar si podía ser aceptado en la Compañía con la condición de ser enviado en misión. El jesuita respondió que la Compañía impone condiciones, pero no acepta ninguna y que quiere que la disponibilidad de sus sujetos sea libre y completa. Aceptó, sin embargo, informar al Provincial, con el pedido de dar respuesta directamente al interesado. La respuesta llegó, pero como es fácil predecir, se reiteró que la Compañía no acepta condiciones que limiten la libertad del uso de sus miembros, pero que solía tener en cuenta las aspiraciones misioneras de los súbditos y que intentaba satisfacerlas, en la medida de lo posible. Para Guido, su necesidad de dedicarse al apostolado entre los no cristianos era demasiado fuerte para poner en peligro su realización con una incertidumbre de este tipo”. Para Conforti nunca vendrá a menos su amor por San Francisco Javier y tampoco su sueño misionero, que le hará estar con sus misioneros en la China que había sido el sueño de Francisco Javier.
Siguiendo los pasos de Francisco Javier y fundador de los Misioneros Javerianos
Es así que, para proseguir con su, “Audaz Proyecto” redactará el primer documento oficial de la Sociedad de San Francisco Javier para las misiones extranjeras (Misioneros Javerianos), se trata del escrito que Conforti dirigiría al Cardenal Ledochowski, prefecto de Propaganda Fide el 9 de marzo de 1894: “Desde mis años más jóvenes siempre he sentido una fuerte pasión por dedicarme a las misiones extranjeras y al no haber podido complacer a su debido tiempo esta santa inclinación, por razones completamente ajenas a mí, planeo desde hace varios años fundar yo mismo para Emilia un seminario destinado a este sublime fin. Esta resolución nunca decayó en mí, ni por el paso del tiempo ni por un cambio de circunstancias, sino que se hizo cada vez más fuerte, de modo que podía creerlo, siguiendo el consejo de personas piadosas e ilustradas, inspirado por nadie más que Dios…”
Como ya descrito, caminaremos de la mano de Xavier León-Dufour para hacer nuestra la experiencia espiritual de este gran apóstol, el más grande misionero de los tiempos modernos. Haremos tres capítulos que a su vez se subdividirán en tres partes.
En el corazón reside la confianza puesta en Dios y de ahí brota la misión a la que Dios nos envía. Esta primera parte es un despertar a la confianza, una invitación que nos pone en sintonía con la preparación del jubileo del año 2025 expresado con las palabras del Papa Francisco en la bula: “«Spes non confundit», «la esperanza no defrauda» (Rm 5,5). Bajo el signo de la esperanza el apóstol Pablo infundía aliento a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza también constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años.
Despertar a la confianza.
Un hombre de deseos.
Francisco Javier no deja de fascinar al que lo encuentra. Ese joven, nacido con un gran temple, estaba lleno de deseos. A los 21 años dejará el Castillo de Javier en donde había crecido. No cabe duda que era un deseo que lo motivaba a emprender el camino de París. Se trata de un deseo muy humano, un deseo de grandeza. Así sucede a cada uno de nosotros. Tenemos deseos y normalmente los deseos del corazón captan todo nuestro ser porque coinciden con nuestra realización, y la realización nos invita a la grandeza. Pero habrá que caer en la cuenta de que en el corazón del ser humano también habita la presencia de Dios que nunca nos abandona.
En el caso de Javier la presencia de Dios se hace consciente a través de un hombre: Íñigo, mejor conocido como Ignacio de Loyola. Era el hombre que servirá de instrumento a la gracia de Dios. Íñigo logró entrar en el corazón de Javier por motivos humanos. Le llevaba discípulos para que les enseñase filosofía. Javier aunque no era muy simpatizante de Íñigo se verá obligado a aceptar.
Y sin embargo habrá una palabra sacada de la Escritura que abrirá definitivamente el corazón de Javier ¿De qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma? (Mt 16,26) Y la gracia de Dios entró en él…
Cuando estaba en Bolonia varia veces se repetirá el sueño que él tuvo cargando a un indio. De alguna manera su deseo coincidirá con lo que Dios quería para él. Teresa del Niño Jesús dice que Dios nos hace desear lo que Él nos quiere dar[1]. Cuando el rey de Portugal pide misioneros para la misión de las Indias, Ignacio eligió a Bobadilla. Pero como Bobadilla enfermó elegirá a Javier en su lugar y así podrá este realizar sus sueños. La misión de Francisco será la de plantar la cruz de Cristo ahí dónde aún no estaba plantada, la de extender la fronteras de la Iglesia, la de dilatar el Reino de Dios.
El hombre de deseos se deja arrastrar por la confianza en Dios. De Goa irá a las Molucas, a las islas del moro, a Japón y además morirá con el deseo de ir a China.
Esta es una invitación clara para abrirnos a los deseos que Dios deposita en nuestros corazones. Abrir nuestro corazón a Dios para saber lo que Él quiere de nosotros, ¿qué misión? Es en el corazón donde se acoge la fe y es del corazón de donde brota la misión.
[1] “El Señor es muy bueno conmigo, él me ha dado lo que he deseado, más bien me ha hecho desear lo que él quería darme” (Ms C, 31r).
