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Rolando Ruiz Durán, sx 20 Enero 2025 526

SAN FRANCISCO JAVIER, ITINERARIO MÍSTICO Y ESPIRITUAL


Nuestra reflexión sigue, como he dicho en el número anterior, las indicaciones del jesuita Xavier León-Dufour en su libro San Francisco Javier, místico del apóstol, de ediciones Mensajero. No queremos olvidar que San Francisco se pone en manos de Dios depositando en él toda su confianza. Pero como veremos, él vivirá precisamente este despertar a la confianza en la prueba. Y esta prueba le permitirá crecer aún más en esta confianza.

En la Prueba.

     “Los deseos de Javier no eran golpes de viento sino virtud sólida”, nos dice León-Dufour. La prueba lo había templado. Javier acoge en su corazón a Dios y se abre a la confianza. Los deseos de Javier empiezan a convertirse en los deseos de Dios. Sin embargo para que su corazón sea libre de consagrarse a Dios tiene que pasar por la prueba.

     Es hermoso dejarse entusiasmar por Jesucristo, pero resulta difícil llevar a cabo un combate. El combate es contra la adversidad. Nosotros hemos visto por nuestra propia experiencia que la primera parte de un camino, a menudo, se puede hacer sin mayor dificultad. Pero, apenas se presentan obstáculos, muchos sucumbimos.

     En el camino de la confianza hacia Dios es necesario luchar contra el egoísmo y el amor propio. Es verdad que hay que prevenir pero no tenemos que extinguir el corazón que arde y se eleva.

     Podemos observar como ejemplo muchos niños que tienen y experimentan mucho fervor después de la primera comunión, con la condición de que se preparen bien. Sin embargo, al poco tiempo se enfrían y cesan de tener ganas de seguir comulgando para unirse a Cristo. Nos dejamos vencer con facilidad porque no estamos preparados para la prueba. No hay que perder el camino tan fácilmente.

     No basta con ser hombres y mujeres de deseos; es necesario llegar al hombre y a la mujer bien probados. Pero que la prueba no sea superior a las fuerzas.

Javier pasó por la prueba: las rutas de Francia, Suiza, Alemania e Italia, con los fríos, el hambre, la pobreza, las amenazas de los herejes, etc.

     Es necesario EJERCITARSE EN LA FIDELIDAD AL SEÑOR y en LA CARIDAD AL PRÓJIMO. Y para ello es indispensable la CONFIANZA en la PROVIDENCIA.

     Javier, camino de Venecia a Roma, debe vencer la repugnancia de la carne podrida, del hedor, de la suciedad y el horror de las llagas. Javier será probado con el pus de un “leproso” que le había pedido rascarle la espalda. Javier lo hizo y haciéndolo sus dedos quedaron impregnados de pus, él se llevó los dedos a la boca y chupó sus dedos. Esa noche soñó que se enfermaría. Sin embargo, él confió y venció. El hombre debe tocar el fondo de sí mismo, debe seguir a Jesús pobre y humilde y así se arraigarán en el alma dos condiciones indispensables: HUMILDAD Y CONFIANZA.

     Javier se va acostumbrando a depender solo de Dios, su Padre, y de su Providencia. Confiar en Él. No es el afán de llevar a cabo una proeza sino poner en práctica humildemente su deseo.

     DIOS NO ABANDONA, confiar solo en Él y, por ello, vivir la prueba. Conservar pleno dominio de sí mismo (el pus del sifilítico). El ensayo de la vida pobre le dio una confianza inconmensurable en la Providencia Paterna de Dios y sirviendo a los pobres aprendió a reconocer el rostro de Cristo.

     Listo, entonces, para afrontar nuevas y más difíciles pruebas. El mar es más difícil y en la embarcación la gente tiene hambre de la Palabra de Dios. Para Javier la preparación previa para la prueba le permite darse a los que lo requieren a pesar de que esté cansado, que tenga hambre y quiera rezar. La gente le pedía sus oraciones. Por otro lado es importante aprender a vivir sin la ayuda de la obediencia (qué hacer) y de la compañía (sentirse solo en el camino de Dios).

       Esto nos invita a ejercitarnos para el combate de la vida difícil. Y esto se hace poco a poco pero con fe. Justo aquí ponemos el trozo de una carta escrita por Francisco Javier a Juan III, Rey de Portugal, desde Goa el 8 de abril de 1552 en la que habla precisamente de la necesidad de ser probados:

... Ahora le pido una merced en nombre de la cristiandad de estas partes, así de los portugueses como de los de la tierra, y también en nombre de toda la gentilidad, principalmente de los japones y chinos: y es que V. A., atendiendo a la gloria de Dios y conversión de las almas, y obligación que V. A. tiene a estas partes, le pido tan encarecidamente cuanto puedo que dé orden y manera V. A. cómo para el año que viene vengan muchos padres de la Compañía del nombre de Jesús, y no legos. Y estas personas que sean de muchos años de probación, no solamente de los colegios, sino en el mundo, confesando y haciendo fruto en las almas donde hubieren sido experimentados y probados, porque de éstos tiene necesidad la India; porque de letrados sin experiencias y prueba de lo que es mundo, no se hace mucho fruto en esta tierra.

 

Por tanto pido mucho a V. A., en nombre de Dios y de sus imágenes y semejanzas, que escriba al padre Ignacio a Roma para que dé orden para que algunos padres de la Compañía muy probados en el mundo, que sean para muchos trabajos, aunque no sean predicadores, los envíe a estas partes, porque de éstos tiene necesidad el Japón y la China y también la India. Y juntamente con éstos enviase un padre a estas partes para ser rector de esta casa, persona de quien confíe mucho el padre Ignacio por las muchas pruebas de su vida, y que el padre estuviese muy informado en las cosas de la Compañía.

Y no dude V. A. que con la venida de estos padres de misa se haría mucho fruto en la India, principalmente en el Japón y en la China, porque estas dos partes requieren personas que pasaron muchas persecuciones y fueron muy probadas en ellas; y también, juntamente con esto, que tengan letras para responder a las muchas preguntas que hacen los gentiles discretos y avisados, como son los chinos y los japones.

Y para encarecer la necesidad que hay de estos padres para estas partes, me pareció que fuese un hermano [Andrés Fernándes] de esta casa a Portugal para hacer presente la necesidad que hay de estos padres en la India; y sobre esta necesidad escribo al padre maestro Simón y al padre Ignacio ahora. V. A., por servicio de Dios nuestro Señor, pues aquí no se trata sino de la gloria de Dios y fruto de las almas y descargo de la conciencia de V. A., le pido encarecidamente por merced, en nombre de Jesucristo, que haga este servicio tan señalado a Dios, pues está en mano de V. A. escribir al padre Ignacio, para que por toda la religión del nombre de Jesús busque abundancia de padres para estas partes, para el Japón y la China, porque me parece que se hallarán fácilmente, pues no es necesario sean predicadores.”

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