Un día, cuando estaba visitando a los pobres en los barrios marginales de Tailandia, como se suele hacer cada día, una señora me preguntó:
¿Qué es eso que llevas en el cuello? Le respondí: es la cruz.
Y ella me preguntó: ¿Qué significa? Le expliqué que esta cruz es Jesús, muerto y resucitado por nosotros, y que Jesús es Dios, hecho hombre. Y es porque él nos ama que murió por nosotros en la cruz.
Ella me dijo: un Dios, omnipotente, ¿creador de todas las cosas que se hace hombre y que muere por nosotros? Qué locura. ¿Cómo es posible? ¿Quién le mató? ¿Y por qué lo llevas contigo? Estas son solo algunas de las muchas preguntas que esta señora y muchas otras personas budistas en Tailandia me han hecho sobre Jesús crucificado.
No es fácil explicar el significado de la cruz a personas que nunca han oído hablar de Jesucristo, pero pienso que tampoco es fácil entre nosotros que somos católicos. Lo que sí es seguro es que la cruz es la fuente de la vocación misionera, la cruz es la fuente del ser cristiano, la cruz es la razón por la cual se tiene el valor de partir y dejarlo todo para anunciar el verdadero amor de Cristo por la humanidad. Con la cruz se puede dejar todo para ser testigos de Dios.
Antes de partir a misión, la cosa más importante que los misioneros reciben es la cruz. Más importante que el billete de avión, más importante que la vacuna contra la fiebre amarilla, más importante que la ropa y las muchas cosas que llevaba conmigo. Sin esta cruz no se puede realizar la misión.
Esta cruz ayuda a todos los misioneros, sobre todo en los momentos más difíciles, de soledad, de incomprensión, de dificultad ante los desafíos de cada día.
La misión es bella, pero también es muy difícil, se encuentran muchos obstáculos y muchos fracasos. Nuestros límites son aún mayores y nuestras debilidades se hacen sentir más. Pero no estamos solos afrontando todas estas dificultades, está Jesús en la cruz que nos ayuda a llevar nuestras pequeñas cruces. La cruz no es solo signo de sufrimiento, de muerte, de desesperación.
La cruz en la vida de San Francisco Javier y en la vida de San Guido María Conforti les ayudan a entender mejor el poder misionero de la cruz.
El Cristo sonriente de Javier, nos hace entender que la cruz es sobre todo signo de esperanza: la victoria de la vida sobre la muerte. La cruz es signo de felicidad: la victoria de la felicidad sobre la tristeza. La cruz es signo de comunión: la victoria de la fraternidad sobre la soledad. La cruz es signo de coraje: la victoria de la verdadera fuerza sobre la debilidad.
La experiencia de San Conforti que contemplaba el crucifijo que parecía decirle tantas cosas, nos hace entender la potencia misionera de Cristo que con sus brazos abiertos quiere llegar a todos. Cristo en la cruz quiere alcanzar a todos con sus brazos y nosotros tratamos, con nuestros límites, de abrazar a todos con los brazos de Jesús en la cruz.