SAN FRANCISCO JAVIER, LA CONFIANZA PUESTA A PRUEBA
Muchas veces cuando nos encontramos frente a la imagen de un santo solemos olvidar que se trata de seres humanos que han atravesado muchas pruebas. A veces también solemos creer que una vez que hemos decidido seguir a Cristo olvidamos que el seguimiento no va sin las pruebas. Es, entonces, cuando las vivimos que deseamos dar marcha atrás o le reclamamos al Señor: «¿por qué me has traído aquí a este lugar» o «¿por qué permites esta situación?».
Nos alegra poder descubrir al gran apóstol de Indias y de Japón en su itinerario de seguimiento de Cristo que nos ayuda para hacer el nuestro. Este año, especialmente en que celebramos el jubileo de la esperanza, el papa nos recuerda que la «la esperanza no defrauda» (Rm 5,5), y añade que “bajo el signo de la esperanza el apóstol Pablo infundía aliento a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza también constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el papa convoca cada veinticinco años. Pienso en todos los peregrinos de esperanza que llegarán a Roma para vivir el Año Santo y en cuantos, no pudiendo venir a la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo, lo celebrarán en las Iglesias particulares. Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta» de salvación (cf. Jn 10,7.9); con Él, a quien la Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como «nuestra esperanza» (1 Tm 1,1). » (Bula de convocación del jubileo, 1)
En este artículo queremos revivir nuestra esperanza mirando a la página viva que es San Francisco Javier cuya confianza en Dios es puesta a prueba.
La prueba de un mundo hostil
Francisco Javier aborda con plena libertad el mundo que se le había confiado. Apoyado solo en Dios avanza hacia las dificultades que pondrán a prueba su confianza. Se entrega admirablemente con una paciencia inamovible. Él estará a la merced de elementos, de hombres y de sí mismo. Se encuentra frente a un mundo rebelde entregado a la vanidad y al desorden que se oponen de manera más o menos consciente al reino de Dios.
Nosotros, por lo que nos toca, experimentamos en nuestro tiempo reveses de la historia. Algunos nos quejamos porque los tiempos no son como antes y nos olvidamos de que lo que cuenta más como creyentes es la confianza en el Señor.
Por su parte, para Javier su confianza estuvo puesta a prueba y tuvo que superar dificultades que nacen por la distancia, la malicia de los hombres, la diversidad de lenguas con sus complicaciones para entenderlas y hablarlas y, desde luego, también la enfermedad. Javier vivió en un contexto muy diferente al nuestro, debido a las condiciones de su época y a las penosas adversidades que evocaremos ahora.
- Las distancias
Desde la salida de Lisboa hasta su muerte en Sancian pasaron once años y ocho meses. Pero él empleó tres años y siete meses navegando. Se cuentan cerca de 80.000 kilómetros con una media 60 kilómetros diarios. Javier pasó en el mar uno de cada tres días. En el primer viaje pasó seis meses en Mozambique y cuatro en Santo Tomé. En total trece meses en lugar de seis previstos. ¡Qué paciencia! Se habla de una tempestad que duró tres días y tres noches. Mientras los demás temían por sus vidas Javier oraba. Está claro que las distancias y el tiempo en recorrerlas no es lo mismo en nuestro tiempo.
- Peregrino
Javier no cuenta lo de sus viajes a pie. Pero habrá que contar con el sol abrasador de India o el frío tan intenso en Japón. Una cantidad de bestias salvajes y además muchísimos bandidos por los caminos. Javier nunca estuvo más de tres semanas en una misión. Él es un peregrino que no para quieto, siente interiormente esa necesidad de ir y llevar a Cristo a los más lugares posibles, y no serán los trayectos a pie los que le echen atrás.
- Hombres malos
Él vio cómo asaltadores y asesinos devoraban a sus cristianos. Los misioneros viven muchos peligros en el mundo. Cristianos asesinados en la isla de Manar, un compañero, Antonio Criminali es asesinado en 1549 al defender a sus cristianos. Ribeiro es envenado por musulmanes. Los peligros de las islas del Moro que Javier llamará islas de mártires. Y además habrá que pensar que estos agravios a la persona humana eran infringidos por portugueses, aquellos que se suponía debían echarle una mano, y gentiles.
- Lenguaje
En sus cartas habla de la dificultad de aprender lenguas. Tenía necesidad de intérpretes para traducir. Él hablará euskera, castellano, francés, portugués, tamul, malés y japonés. Y además decía “ser cosa muy trabajosa no saber lengua”. Debido a la caridad hacia los demás no tomaba tiempo para aprender. Pero él dice que hace más fruto saber lengua. “Somos como estatuas que hablan y platican muchas cosas”. Javier no entendía y ellos no le entendían y así se había reducido al silencio.
- Enfermedad
No hablemos de la competencia sanitaria de esa época. Escribe a veces: “me encuentro en salud”. Lo cual dice que a veces no lo había estado. Envejeció prematuramente y morirá a los 46 años.
El mundo hostil en medio del cual hubo de moverse Javier parece haber triunfado de él. Vivió muchas pasividades que pareciera una imagen del crucificado. Como clavado en la cruz de la que no puede quitarse los clavos, él descubrirá la confianza en Dios en los momentos de prueba.
La pasión de Cristo permite descubrir su eficacia. Vivió una gran cantidad de obstáculos con paciencia. Se puede decir que de once años y ocho meses solo cinco años los dedicó de manera directa al apostolado.
Javier nos invita a descubrir que en los momentos de adversidad estamos en las manos de Dios. Nos enseña a vivir la pasividad con paciencia y a ver que de ahí nace la imitación de Cristo. Es entonces que nace la eficacia de la vida cristiana.
Recogemos un extracto de la carta que San Francisco Javier envió a Ignacio de Loyola y en la que une precisamente a la confianza la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. Nos hace descubrir cómo delante de las dificultades y peligros no se echa para atrás. Es un hombre que confía en Dios aun sabiendo que está pasando por pruebas y que seguro que pasará por muchas más.
“…De la otra costa de Maluco está una tierra, la cual se llama El Moro, a sesenta leguas de Maluco. En esta isla de O Moro habrá muchos años que se hicieron grande número de cristianos, los cuales, por muerte de los clérigos que los bautizaron, quedaron desamparados y sin doctrina y por ser la tierra de O Moro muy peligrosa, por cuanto la gente de ella es muy llena de traición, por la mucha ponzoña que dan en el comer y beber; por esta causa dejaron de ir a aquella tierra de O Moro personas que mirasen por los cristianos. Yo, por la necesidad que estos cristianos de la isla del Moro tienen de doctrina espiritual y de quien los bautice para salvación de sus ánimas, y también por la necesidad que tengo de perder mi vida temporal, por socorrer a la vida espiritual del prójimo, determino de me ir al Moro, por socorrer en las cosas espirituales a los cristianos, ofrecido a todo peligro de muerte, puesta toda mi esperanza y confianza en Dios N. S., deseando de me conformar, según mis pequeñas y flacas fuerzas, con el dicho de Cristo nuestro Redentor y Señor, que dice: “Pues quien quisiere salvar su vida, la perderá; mas quien perdiere su vida por amor de mí, la encontrará…”. De Ambueno, a 10 de mayo, año de 1546. Vuestro mínimo hermano e hijo, FRANCISCO
