EL ESPÍRITU NOS SORPRENDE SIEMPRE: ELECCIÓN DEL PAPA LEÓN
“¡La paz esté con vosotros! Este es el primer saludo del Cristo Resucitado, el buen pastor que dio su vida por el rebaño de Dios… La paz de Cristo Resucitado es una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente…
Dios nos quiere, Dios nos ama a todos, ¡y el mal no prevalecerá! Todos estamos en manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos de la mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzada por Dios y por su amor. Construyamos puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz…
Soy hijo de san Agustín, que dijo: «Con vosotros soy cristiano y para vosotros obispo». Todos podemos caminar juntos hacia la patria que Dios nos ha preparado… Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, siempre abierta a acoger con los brazos abiertos. A todos, a todos los que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, el diálogo y el amor. Queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cercana especialmente a los que sufren. (Palabras en su primer discurso 9 mayo 2025)
Nuestro mundo, herido por la guerra, la violencia y la injusticia, necesita escuchar el mensaje evangélico del amor de Dios y experimentar el poder reconciliador de la gracia de Cristo. La Iglesia, en todos sus miembros, está llamada cada vez más a ser una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo, que anuncia la Palabra…, y que se convierte en fermento de concordia para la humanidad. Estamos llamados a llevar a todos los pueblos, más aún, a todas las criaturas, la promesa evangélica de una paz verdadera y duradera, porque el Señor ha vencido al mundo haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
Vemos la importancia de fomentar un espíritu de discipulado misionero en todos los bautizados y un sentido de urgencia en llevar a Cristo a todos los pueblos.
La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, prosigue su camino a lo largo de la historia con confianza, alegría y valentía, mientras proclama el nombre de Jesús y la salvación que nace de la fe en la verdad salvífica del Evangelio.
Esta dimensión cristiana de nuestra vida y misión la llevo en mi corazón, y se refleja en las palabras de san Agustín que elegí para mi servicio episcopal y ahora para mi ministerio pontificio: In Illo uno unum. Cristo es nuestro Salvador y en Él somos uno, la familia de Dios, más allá de la rica variedad de nuestras lenguas, culturas y experiencias.
El tomar conciencia de nuestra comunión como miembros del Cuerpo de Cristo nos inspira a ir más allá de los confines de nuestras propias parroquias, diócesis y naciones, para compartir con toda nación y pueblo la sobreabundante riqueza del conocimiento de Jesucristo. Seamos misioneros de esperanza entre todos los pueblos. (Discurso del papa LEÓN XIV a las obras misionales pontificias, 22 de mayo de 2025)
