JUBILEO DE LA ESPERANZA EN 2025: UN REGALO PARA NUESTRO MUNDO
HAZ SONAR EL YOBEL
El 9 de mayo 2024, solemnidad de la Ascensión el papa Francisco firmaba la bula de convocación del jubileo ordinario del 2025, titulada ‘Spes non confundit’(SNC); es decir, ‘LA ESPERANZA NO DEFRAUDA’. Estas tres palabras vienen de la carta de san Pablo a los romanos en donde dice: “nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5,3-5).
El papa nos invita a todos a participar en el próximo Jubileo, un momento especial de encuentro con la esperanza y el amor de Dios.
‘Jubileo’ parece que viene de la palabra yobel, el cuerno de carnero, cuyo sonido anuncia el Día de la Expiación y un año particular; este instrumento era utilizado para indicar su comienzo. Esta fiesta se celebra cada año, pero adquiere un significado particular cuando coincide con el inicio del año jubilar. A este respecto, encontramos una primera idea en la Biblia: debía ser convocado cada 50 años, porque era el año ‘extra’, debía vivirse cada siete semanas de años. En el libro de Levítico leemos estas palabras: “Haz el cómputo de siete semanas de años, siete veces siete, de modo que las sietes semanas de años sumarán cuarenta y nueve años. El día diez del séptimo mes harás oír el son de la trompeta: el día de la expiación haréis resonar la trompeta por toda vuestra tierra. Declararéis santo el año cincuenta y promulgaréis por el país liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo: cada uno recobrará su propiedad y retornará a su familia. El año cincuenta será para vosotros año jubilar: no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiaréis las cepas no cultivadas. Porque es el año jubilar, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que den vuestros campos por sí mismos. En este año jubilar cada uno recobrará su propiedad” (Lv 25,8-12).
VOLVER AL PROYECTO DE DIOS SOBRE EL MUNDO Y LOS HOMBRES
Aunque era difícil de realizar, se proponía como la ocasión para restablecer la correcta relación con Dios, con las personas y con la creación, y conllevaba el perdón de las deudas, la restitución de terrenos enajenados, la liberación de los esclavos y el descanso de la tierra. En realidad parece ser que era algo tan revolucionario que no se practicó nunca.
Hay varios textos en el AT que hacen referencia a este acontecimiento y a la gran novedad del séptimo año o del año jubilar: “Cuando compres un esclavo hebreo, servirá seis años, más al séptimo marchará libre, gratuitamente” (Ex 21,2). “Durante seis años sembrarás tu tierra y recogerás la cosecha, pero el séptimo la dejarás descansar y en barbecho… que reposen tu buey y tu asno y puedan respirar el hijo de tu esclava y el emigrante” (Ex 23,10-12).
En el Nuevo Testamento, Jesús se presenta como aquel que lleva a su cumplimiento el Jubileo antiguo. Citando al profeta Isaías, el evangelio de Lucas describe de este mismo modo la misión de Jesús: «El Espíritu del Señor está sobre mí; porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18‑19; cfr. Is 61,1‑2).
Bonifacio VIII, en 1300, convocó el primer Jubileo, llamado también “Año Santo”, un tiempo para experimentar la santidad de Dios que nos transforma. Con el tiempo, la frecuencia ha ido cambiando: al principio era cada 100 años; en 1343 se redujo a 50 años por Clemente VI y en 1470 a 25 años por Pablo II. También hay momentos ‘extraordinarios’: por ejemplo, en 1933, Pío XI quiso conmemorar el aniversario de la Redención y en 2015 el papa Francisco convocó el año de la Misericordia. También ha sido diferente el modo de celebrar este año: en el origen era una peregrinación a las Basílicas romanas de san Pedro y san Pablo, posteriormente se añadieron otros signos, como el de la Puerta Santa.
SIGNIFICADO ESPIRITUAL DEL JUBILEO
Los jubileos son una fiesta espiritual que inician con la apertura de las puertas santas de las cuatro grandes basílicas de Roma: San Pedro, San Pablo, Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. En el resto del mundo, las de las catedrales y principales santuarios también abren sus puertas centrales como una forma de dar a entender que quien cruza por ellas pasa de una condición de pecado al arrepentimiento total y sincero.
Se invita a los fieles a realizar una peregrinación, ya sea física o espiritual, para buscar el perdón de los pecados y renovar su relación con Dios. Además del perdón de los pecados, el Jubileo es una oportunidad para practicar la caridad y la justicia. Se alienta a los fieles a realizar obras de misericordia, ayudar a los necesitados y trabajar por la justicia social, recordando a los católicos su responsabilidad de amar y servir a los demás.
Es una invitación abierta a todos los cristianos y también a los que se encuentran distantes en la fe y desean volver de nuevo a la vida cristiana. El Jubileo es un recordatorio de la llamada universal a la misericordia y la justicia, valores que trascienden las fronteras y unen a la humanidad en una búsqueda común de bienestar, paz y solidaridad.
La peregrinación es la imagen de la vida como un camino. Como cristianos debemos recordar siempre que, cuando llama, Jesús dice "sígueme" (Mc 2,14 y 10,21), es decir, camina conmigo, detrás de mí porque soy yo quien abro el camino y soy yo el guía para un buen camino de vida en plenitud. Por eso, todos estamos llamados a ser peregrinos siguiendo a Jesús.
LA PUERTA DE NUESTRA EXISTENCIA.
También el signo de la puerta es muy significativo. Jesús nos hace entender que él es la puerta: “En verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas; Yo soy la puerta: si alguno entra por mí, será salvo; entrará y saldrá y encontrará pastos" (Jn 10,7.9). Así, "pasar por la puerta santa" significa empezar de nuevo, partir de Jesucristo, pasar por Él, encontrar en Él un centro fuerte para nuestra existencia y para las pequeñas y grandes opciones cotidianas.
Cada uno de nosotros está llamado a entrar por la puerta y a responder a la esperanza que el Señor ofrece a toda la humanidad, abriendo la puerta de nuestra existencia al Señor que pasa y que de muchas maneras, según la imaginación y la creatividad del Espíritu, se hace presente en nuestra vida. El Señor llama... llama y espera que se abra la puerta. Es una oportunidad que se nos ofrece sabiendo somos nosotros los que tenemos que abrirle la puerta de nuestro corazón. San Agustín escribió: “tengo miedo de no ver al Señor que pase y no me dé cuenta, ¡y por tanto dejarlo ir sin acogerlo!
El Año Santo que se nos ofrece esta posibilidad, siempre nueva, de acoger al Señor que visita nuestra vida y la de la humanidad para reconducirla al corazón de Dios y a su sueño de hacer del mundo su familia. Que este sea un año santo que abra un camino de bendición para todos.
