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Ángel De La Victoria León, sx 31 Agosto 2025 944

PAPA FRANCISCO, GRACIAS POR TU HUMANIDAD Y POR ACERCARNOS A DIOS


Aunque ya han pasado varios meses desde tu fallecimiento, creo que nunca es tarde para pronunciar esta hermosa palabra: GRACIAS. Además, recuerdo que varias veces nos hablaste de tres palabras que nunca podemos olvidar: GRACIAS, PERDÓN y POR FAVOR.

 

MORISTE CON LAS BOTAS PUESTAS

¡Gracias! Porque has querido morir con las botas puestas después de anunciar la resurrección de Jesús y de dar tu saludo póstumo a los que abarrotaban la plaza de san Pedro esa mañana de pascua de resurrección.

Han pasado doce años desde el día en que te mostraste en el balcón de la basílica de san Pedro para decir al mundo entero que los cardenales habían ido a buscar a un papa venido del fin del mundo. Nos sorprendió el gesto que tuviste de inclinarte y pedir que te bendijéramos.

Elegiste el nombre de Francisco, el santo de los pobres, de la humildad, de la paz. Y desde entonces no has dejado de sorprendernos con gestos, palabras, una vida trasparente y tus decisiones que incomodaron a muchos, pero acercaron a tantos otros.

¡Gracias! Porque quisiste hacer tu primer viaje a la isla italiana de Lampedusa, en donde tantos inmigrantes inocentes han dejado su vida, para mostrar al mundo la vergüenza y la hipocresía de nuestro mundo injusto, desigual e inhumano.

¡Gracias! Porque hiciste la opción de visitar países hasta entonces nunca visitados por un papa y en estos 71 países visitados quisiste siempre acercarte a los marginados y a las minorías olvidadas.

SOÑANDO CREAR COMUNIÓN Y COMUNIDAD

¡Gracias! porque convocaste cuatro sínodos: el 1º de la familia, el 2º de los jóvenes, el 3º de la Amazonia y, por último, el de la sinodalidad mostrando el rostro de una Iglesia que es comunión, invitando a la participación de todos para realizar una misión.

¡Gracias! Porque tus palabras y tus gestos trajeron la primavera. Nos has recordado que el corazón del mensaje de Jesús es la misericordia. Soñaste con una Iglesia como hospital de campaña, que cura con la medicina de la misericordia más que con la de la severidad. Jesucristo quiere que su iglesia sea casa de todos, y tú soportaste con valentía la tensión entre dirigir una institución enorme y compleja y mantener el abrazo de todos, todos, todos.

INSISTIENDO QUE LA IGLESIA ESTÁ EN ESTADO DE MISIÓN

¡Gracias! Porque pusiste a la Iglesia en un estado de reforma misionera. Tu ministerio nos ha recordado siempre que la razón de ser de la Iglesia, su identidad más profunda, es proclamar el amor de Jesucristo, que dio su vida por nosotros.

¡Gracias! Por el sueño de la opción misionera de la Iglesia, invitándonos siempre a dar testimonio con nuestra vida, a poner en el centro de todo la Palabra de Dios, a comprender que evangelizar es la esencia de la Iglesia y de los cristianos, que los pobres y marginados son los elegidos de Dios Padre y que debemos saber dialogar con todos los que se crucen en nuestro camino.

¡Gracias! Porque nos recordaste que todo bautizado es un discípulo misionero; nos enviaste a recorrer caminos de esperanza y a llevar la misericordia a todos los rincones del mundo.

SIENDO TESTIGO DE LA ALEGRIA

¡Gracias! Porque has dado testimonio de la alegría profunda que nace de sabernos amados por Dios y nos has ayudado a redescubrir la dulce y reconfortante alegría de evangelizar. Fuiste padre de todos los que supieron encarnar el estilo de Dios que es cercanía, compasión y ternura.

¡Gracias! Por tu lucha contra el clericalismo. Con látigos de cuerdas volcaste las mesas de las autoridades que habían olvidado que estaban llamadas a servir y no a dominar, a imagen de Jesús que lavó los pies a sus discípulos. Tu sencillez lo cambió todo. Tu sonrisa y tu sentido del humor han hecho caer muchas barreras.

¡Gracias! Porque mostraste la incompatibilidad entre una vida de lujo y el pesebre de Belén. Buscar el último lugar ha vuelto a ser un valor.

TODOS ESTAMOS INVITADOS

¡Gracias! Porque predicaste una nueva manera de ser Iglesia. Nos llamaste a todos a ser protagonistas y servidores. Nos enseñaste a buscar el camino a través del discernimiento a la luz del Evangelio.

¡Gracias! Prque gritaste a los cuatro vientos que los pobres están en el centro del Evangelio.

¡Gracias! Porque has sido el líder mundial más creíble para creyentes y no creyentes, predicando en el desierto la necesidad del desarme y de la paz.

¡Gracias! Porque en un mundo cada vez más loco, tu figura ha hecho brillar valores auténticamente humanos y profundamente cristianos: somos hermanos, el consumo desenfrenado no conduce a la felicidad, hay que cuidar la madre tierra, nadie se salva solo.

UN VIENTO FRESCO CON PERFUME DE ESPERANZA

¡Gracias! Porque en un mundo como el nuestro a veces tan deshumanizado, tan ausente y lejano de los principios éticos y morales, tan marcado por el vacío espiritual, has inyectado en los corazones de creyentes y no creyentes, una buena dosis de humanismo evangélico. Has traído a la Iglesia un viento fresco, con perfume de evangelio y de esperanza.

Has repetido hasta la saciedad que todos estamos en la misma barca y que no podemos vivir pensando solo en nosotros, ya que o nos hundimos o nos salvamos todos. Nos has mostrado que la técnica, el progreso y el bienestar debe ser un bien para todos, que pueda ir disminuyendo y eliminando la exclusión, la pobreza y la desigualdad.

PROFETA EN LAS PERIFERIAS

¡Gracias! Porque has recorrido el mundo siempre buscando a la oveja perdida, abrazando, besando, acariciando, sonriendo, humanizando y cristificando cada situación y cada realidad de dolor, de marginación, de pobreza que encontraste.

¡Gracias! Porque has preferido sustituir la comodidad, los privilegios y los senderos fáciles por las periferias humanas y existenciales donde solo habita el desecho social, la injusticia institucionalizada y la deshumanización más vergonzante.

¡Gracias! Porque nos has dejado palabras y gestos inolvidables con los presos, las víctimas de las guerras, del abuso, de la pobreza…, llevando el abrazo de un padre lleno de misericordia, alentando a la esperanza, animando a la conversión y al cambio de vida, fortaleciendo la fe y la esperanza en medio de situaciones deshumanizadoras, injustas y degradantes.

¡Gracias! Porque estamos seguros de que nos sigues abrazando desde el Cielo, te decimos de corazón: ¡Gracias, papa Francisco!

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