“He constatado, por consiguiente, con horror que mi impaciencia por ver restablecida la democracia tenía algo de comunista; o también, en un sentido más general, algo de racionalista: la unidad de las Luces. Quería hacer progresar la historia un poco como un niño que se pone a estirar de una planta para hacerla crecer más deprisa. Me parece que es preciso aprender a esperar del mismo modo que se aprende a crear. Sembrar con paciencia, regar con asiduidad la tierra que cubre la semilla y dar a las plantas su tiempo. No se puede engañar a una planta, como tampoco se puede engañar a la historia, pero sí es posible regarla: con paciencia, todos los días. Con comprensión, con humildad y, también, con amor.
Si los políticos y los ciudadanos aprendieran a esperar en el mejor sentido del término, manifestando así su respeto al orden intrínseco de las cosas y su insondable profundidad, si comprendieran que todas las cosas tienen sus tiempos en este mundo y que, más allá de lo que esperamos del mundo y de la historia, es importante saber lo que esperan el mundo y la historia, entonces no podría acabar la humanidad tan mal como a veces imaginamos. No hay razón alguna para mostrarnos impacientes, si hemos sembrado y regado bien. Basta con comprender que nuestra espera no carece de sentido. Es una espera que tiene sentido porque nace de la esperanza y no de la desesperación, de la fe y no de la desconfianza, de la humildad ante los tiempos de este mundo y no del miedo. Su serenidad no lleva la huella del aburrimiento, sino de la tensión. Una espera de este tipo es algo más que un simple estar a la espera. Es la vida, la vida en cuanto participación gozosa en el milagro del Ser”. (Václav HAVEL).
Para reflexionar
Lee Marcos 4, 26-32 ¿Qué querrá decirnos el evangelio con estas parábolas? Lee igualmente Romanos 5, 3-5 y 8, 18-30.
“Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma” (Albert Schweitzer)
“La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces” (Proverbio iraquí)