Skip to main content
François Saleh SX 19 Septiembre 2024 837

¡El primero sea … el servidor de todos!


El Evangelio que leemos en este domingo (25º domingo del tiempo ordinario, B) sitúa a Jesús y sus discípulos en Galilea. Ya han regresado de Cesárea de Filipo donde Pedro profesó que Jesús era el Mesías pero por su falta de comprensión del sentido del Mesías, Jesús lo puso atrás (para aprender y no estropear la enseñanza).

En efecto, espiritualmente hablando, Galilea es el lugar donde Jesús comenzó su misión, es el lugar también del seguimiento a Jesús, es ahí que el ángel mandó a los discípulos para encontrarse con el Resucitado. ¿Acaso te acuerdas de tu Galilea ? (Es decir, de aquel lugar y momento de un encuentro fuerte con Dios que te ha marcado siempre, Galilea de nuestros bellos sueños también).

Jesús en el tiempo que dedica a formar a sus discípulos a solas, anuncia por segunda vez su pasión, muerte y resurrección. En la mentalidad de aquel entonces, morir crucificado es un drama terrible, sólo crucifican a los bandidos, ladrones, gente de mala conducta. Para los discípulos, Jesús no merece una muerte ignominiosa, pues es el Mesías. Cuando empieza su discurso sobre su pasión los discípulos no entienden, hasta en el camino discuten sobre quién de ellos ocuparía el puesto importante cerca de Jesús.

 Encima de eso están en Galilea donde Jesús es conocido con buena fama, y está dirigiéndose a Jerusalén, lugar donde los discípulos piensan que Jesús tomaría el poder político y administrativo. Muchas veces, nos llega también la mentalidad del poderío : pretender ser el coordinador/a de la catequesis, responsable de alguna comunidad o algún grupo, o de un puesto de trabajo, hasta creamos conflictos y enemistades por buscar títulos. Y como lo subraya la segunda lectura, generamos envidias y rivalidades, guerras, codicias, por intereses vanidosos.

Jesús define su identidad en clave al servicio. De hecho en el Evangelio de Lucas él dice «en medio de vosotros como aquel que sirve». Para Jesús, la importancia de la persona no está en el título, más bien en su propia identidad de ser persona, la dignidad intrínseca que compartimos todos. De hecho, el grande no es el jefe, es el que se pone a servir a los demás : «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos ». El puesto de ser el primero es el de servir. Servir es ponerse de rodillas para lavar los pies de los más excluidos y menospreciados. Servir, es quitar la capa de jefe y poner el mandil de la humildad, de ensuciarse para beneficio de los demás. Podemos ver eso en tantas personas que se dedican a curar enfermos, atender a migrantes, etc, ser como un niño. Jesús, al sentarse para explicar a los discípulos en forma de círculo, toma su puesto de maestro, pero es un maestro humilde y servicial que valora a todos y que está consciente de que su misión implica rebajarse hasta sufrir humillación.

Pidamos la gracia al señor para que  nuestro seguimiento a Cristo sea con humildad poniendo la dignidad humana en el centro de todo. Que nos hagamos como niños dispuestos a aprender, a obedecer y a vivir la inocencia del Evangelio.

 

COMENTARIOS

¿Te ha gustado este artículo?

compártelo