El evangelio de este domingo nos enseña que los cristianos no tenemos otro Dios que el Señor y no podemos poner el corazón en el dinero. Jesús viene a enseñarnos que cuando dejamos que el deseo de riquezas nos domine, los valores del evangelio palidecen en nosotros. Dinero, prestigio, poder: los tres talentos más peligrosos que podemos recibir, los que más tienden a convertirse en nuestros señores. Por esta razón no los tenía Jesús. Por esta razón no los tenían las primeras comunidades. Jesús avisó claramente que ser rico y entrar en el reino es casi imposible. Y por eso, exactamente por eso, Jesús se dirige preferentemente a los pobres, a los pecadores y a los enfermos, porque ellos sienten necesidad de ser liberados y están en buenas condiciones para aspirar al Reino.
Vicente Martínez: Oprimir al pobre. Jesús, interpretando el AT en vertiente positiva, se preocupaba por satisfacer las necesidades espirituales de las gentes, pero antes procuraba atender sus necesidades físicas, y respondía mediante actos de misericordia.
José Luis Sicre: Salomón, el joven rico y los discípulos. Las lecturas de este domingo enfrentan tres posturas: la de Salomón, que pone la sabiduría por encima del oro, la plata y las piedras preciosas; la del rico, que pone su riqueza por encima de Jesús; la de los discípulos, que renuncian a todo para seguirle.