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Ivanildo Quaresma 01 Noviembre 2018 1665

Amarás al Señor tu Dios con todo tu ser


En el evangelio de este domingo, nos viene propuesto reflexionar sobre el amor. Casi nadie piensa que el amor es algo que hay que ir aprendiendo poco a poco a lo largo de la vida. La mayoría da por supuesto que el ser humano sabe amar espontáneamente. Por eso se pueden detectar tantos errores y tanta ambigüedad en ese mundo misterioso y atractivo del amor. Para Jesús, el amor es la fuerza que mueve y hace crecer la vida, pues nos puede liberar de la soledad y la separación para hacernos entrar en la comunión con Dios y con los otros. Pero, concretamente, ese "amar al prójimo como a sí mismo" requiere un verdadero aprendizaje, siempre posible para quienes tienen a Jesús como Maestro y hacen una opción por vivir su fe comunitariamente. La primera tarea es aprender a escuchar al otro. Tratar de comprender lo que vive. Sin esa escucha sincera de sus sufrimientos, necesidades y aspiraciones no es posible el verdadero amor. Lo segundo es aprender a dar. No hay amor donde no hay entrega generosa, donación desinteresada,regalo. El amor es todo lo contrario a acaparar, apropiarse del otro, utilizarlo, aprovecharse de él. Por último, amar exige aprender a perdonar. Aceptar al otro con sus debilidades y su mediocridad. No retirar rápidamente la amistad o el amor. Ofrecer una y otra vez la posibilidad del reencuentro. Devolver bien por mal.

 

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