El Evangelio de domingo, nos presenta un bonito testimonio, de una pobre viuda que se acerca calladamente a uno de los cepillos colocados en el recinto del templo, no lejos del patio de las mujeres. Muchos bicos están depositando cantidades importantes. Casi avergonzada, ella echa sus dos moneditas de cobre, las más pequeñas que circulan en Jerusalén. Su gesto no ha sido observado por nadie. Pero frente a los cepillos está Jesús viéndolo todo. Conmovido, llama a sus discípulos. Quiere enseñarles algo que solo se puede aprender de la gente pobre y sencilla. Jesús lo ve de otra manera: "Esta pobre viuda ha echado más que nadie". Su generosidad es más grande y auténtica. "Los demás han echado lo que les sobra", pero esta mujer que pasa necesidad, "ha echado todo lo que tiene para vivir". Solo los pobres son capaces de hacer lo que la mayoría estamos olvidando: dar algo más que las sobras.
Vicente Martínez: La viuda pobre y Elías. Le dio lo que tenía para ella y para su hijo: un puñado de harina en el jarro y un poco de aceite en la aceitera. Salí al exterior, y grité con todas mis potencias: ¡¡¡No habrá más gritos ya en el desierto!!! Los rayos y los truenos huyeron no sé donde… y el sol brilló de nuevo en las alturas.
José Luis Sicre: Viudas buenas y teólogos malos.No es preciso añadir que los discípulos le hicieron poco caso a Jesús y terminaron vistiendo como los escribas, exigiendo reverencias y besos de anillo, ocupando primeros puestos, y devorando bienes de viudas, viudos y casados.