En el Evangelio de domingo, encontraremos el discurso apocalíptico en Marcos, que quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños. Primera convicción. La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin. El "sol" que señala la sucesión de los años se apagará. La "luna" que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, "las estrellas caerán del cielo", la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios. Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: "verán venir al Hijo del Hombre". El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras. Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a "reunir a sus elegidos", los que esperan con fe su salvación. Cuarta convicción. Las palabras de Jesús "no pasarán". Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.
Vicente Martínez: Vivir lo que llevamos dentro. La Naturaleza es maestra y sabia, como Sabio y Maestro fue Jesús predicando el evangelio. Respiramos constantemente las personas y, cómo no, los bosques y los animales: nos va en ello la vida.
José Luis Sicre: Persecución y esperanza. Los tres evangelios sinópticos contienen este discurso de Jesús sobre el fin del mundo. Lo cual significa que, para los primeros cristianos, era algo esencial: un mensaje de esperanza y consuelo en medio de las persecuciones.