El evangelio de este domingo, nos regala el episodio del Hijo Pródigo. El verdadero protagonista de esa parábola es el padre al que no le preocupa su honor, sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. Solo piensa en la vida de su hijo: que no viva perdido sin conocer la alegría de la vida. El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre "lo vio" venir hambriento y humillado, y "se conmovió" hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así. Enseguida "echa a correr". No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. "Se le echó al cuello y se puso a besarlo". Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.
José Luis Sicre: Cuatro historias de padres e hijos. El evangelio de este domingo sigue centrado en la conversión, pero con un enfoque muy distinto: el propietario se convierte en padre, y no tiene una higuera sino dos hijos.
Enrique Martínez Lozano: Volver a casa. Las tradiciones espirituales utilizan dos metáforas para aludir a nuestra verdadera identidad: la del “tesoro escondido”, que está dentro de nosotros, pero lo buscamos afanosamente fuera; y la de la “casa”, donde siempre estamos, pero lo ignoramos.