El que esté sin pecado, que tire la primera piedra
En el evangelio de éste domingo, Jesús nos deja claro, que no soporta aquella hipocresía social alimentada por la prepotencia de los hombres. Aquella sentencia a muerte no viene de Dios. Con sencillez y audacia admirables, introduce al mismo tiempo verdad, justicia y compasión en el juicio a la adúltera: "el que esté sin pecado, que arroje la primera piedra". Los acusadores se retiran avergonzados. Entonces Jesús se dirige a la mujer que acaba de escapar de la ejecución y, con ternura y respeto grande, le dice: "Tampoco yo te condeno". Luego, la anima a que su perdón se convierta en punto de partida de una vida nueva: "Anda, y en adelante no peques más". Así es Jesús. Por fin ha existido sobre la tierra alguien que no se ha dejado condicionar por ninguna ley ni poder opresivo. Alguien libre y magnánimo que nunca devolvió mal por mal. En su defensa y su perdón a esta adúltera hay más verdad y justicia que en nuestras reivindicaciones y condenas resentidas.
Enrique Martínez Lozano: Moralismo, fanatismo e inseguridad. La escena –que no pertenecía originalmente al evangelio de Juan– remite a una pregunta muy frecuente en el trasfondo de los evangelios sinópticos: ¿qué es más importante: la norma o la persona?