Creer en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús resucitado por Dios, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la Humanidad y en la creación entera. Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: "Entra para siempre en el gozo de tu Señor". Creer en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un "Dios oculto" del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús. Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el Reino.Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las "huellas" que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido o hemos disfrutado generosamente, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos.
COMENTARIOS
José Luis Sicre: Tres protagonistas inesperados. Ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María Magdalena), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).
José Antonio Pagola: Encontrarnos con el resucitado. Según el relato de Juan, María de Magdala es la primera que va al sepulcro, cuando todavía está oscuro, y descubre desconsolada que está vacío. Le falta Jesús.
Guadalupe Labrador: ¿Dónde y cómo buscamos al Resucitado? Hay búsquedas que nos llevan a sepulcros vacíos. Solo buscando juntos y arriesgándonos a entrar en esos sepulcros llegamos a descubrir los signos de la presencia del Señor Resucitado y a creer.
Enrique Martínez Lozano: Nada puede aplastar la vida. Quien sabe “ver” de ese modo es “el otro discípulo, a quien quería Jesús”. Se trata del “discípulo amado” que, en el cuarto evangelio, es imagen del verdadero discípulo.