El Evangelio de este domingo, nos recuerda, que somos llamados a recobrar la confianza necesaria de un levantarse y ponerse en camino hacia un mundo nuevo. Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. ¿A quién seguirán ahora? El evangelista Juan describe de manera insuperable la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. El Resucitado está de nuevo en el centro de su comunidad de seguidores. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarse del miedo, abrir las puertas y poner en marcha la evangelización. Según el relato, lo primero que infunde Jesús a su comunidad es su paz. No bastan nuestros esfuerzos y trabajos. Es Jesús quien puede desencadenar el cambio de horizonte, la liberación del miedo y los recelos, el clima nuevo de paz y serenidad que tanto necesitamos para abrir las puertas y ser capaces de compartir el Evangelio con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
José Luis Sicre: Dichosos los que creen a pesar de lo que ven. Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren, como si quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico.