Skip to main content
Robertus Kardi 14 Noviembre 2019 3382

CON VUESTRA PERSEVERANCIA SALVARÉIS VUESTRAS ALMAS


Las enseñanzas de Jesús en el Evangelio de Lucas terminan con un discurso de tono severo, se le llama discurso escatológico porque se refiere al final de los tiempos. Todo empieza con el despiste de algunos discípulos, que valoraban la belleza exterior del templo de Jerusalén. Jesús insiste en que no se dejen llevar por las apariencias. La grandeza del templo no está en sus bellas piedras ni en los ricos adornos.  Para Jesús, admirar y aceptar la presencia de Dios en el templo es más importante que admirar solamente las maravillas del mismo templo. La belleza aparente será destruida.

Los discípulos, pues, le preguntan sorprendidos: ¿Cuándo será? ¿Cómo lo sabremos? Los discípulos quieren prepararse para ese momento, y si tienen signos claros de su llegada, podrán respirar tranquilos mientras no empiecen esos signos. Para Jesús esa actitud es equivocada. Al igual que no se trata de conducir más despacio cuando el detector de radares nos avisa, sino que es necesaria la prudencia y la atención en todo momento, Jesús indica a sus discípulos que no vayan buscando signos y señales del final de los tiempos. “No os dejéis engañar”, a lo largo del tiempo lo único que cuenta es la perseverancia. El evangelista Lucas les deja una cosa clara: las dificultades se superan con perseverancia y, por supuesto, con el apoyo del mismo Jesús.

Las dificultades son reales, por eso los cristianos no podemos ser ingenuos. En el mundo hay maldad, sufrimiento y dolor. Con expresiones de su tiempo, Jesús describe el fin como la acumulación de todos los males: Las guerras, causadas por los hombres; los terremotos, manifestación de una naturaleza dañada y frágil; y el hambre, ante el cual nadie, ni los fuertes, podía subsistir. Además, Jesús vuelve atrás y dice “pero antes de todo eso…”, y se centra en el sufrimiento de la comunidad cristiana, que estaba sufriendo la persecución, incluso la denuncia de familiares cercanos. 

En medio de la persecución, aunque había algunas deserciones - imaginamos - la comunidad se mantenía fiel a Jesús y al Evangelio.  El mensaje es claro: “Todo esto no os sucede porque Dios se haya olvidado de vosotros, sino porque así seréis testigos del Evangelio ante todo el mundo”. Aún más, el propio Jesús les dará las palabras que habrán de decir; estará a su lado, tan sólo necesitan confiar plenamente en él. Después de todas las calamidades que ha descrito, el texto del Evangelio de Lucas termina con una llamada a la esperanza: “ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”.

 

COMENTARIOS 

 

 

 

 

 

 

¿Te ha gustado este artículo?

compártelo