CON VUESTRA PERSEVERANCIA SALVARÉIS VUESTRAS ALMAS
Las enseñanzas de Jesús en el Evangelio de Lucas terminan con un discurso de tono severo, se le llama discurso escatológico porque se refiere al final de los tiempos. Todo empieza con el despiste de algunos discípulos, que valoraban la belleza exterior del templo de Jerusalén. Jesús insiste en que no se dejen llevar por las apariencias. La grandeza del templo no está en sus bellas piedras ni en los ricos adornos. Para Jesús, admirar y aceptar la presencia de Dios en el templo es más importante que admirar solamente las maravillas del mismo templo. La belleza aparente será destruida.
Los discípulos, pues, le preguntan sorprendidos: ¿Cuándo será? ¿Cómo lo sabremos? Los discípulos quieren prepararse para ese momento, y si tienen signos claros de su llegada, podrán respirar tranquilos mientras no empiecen esos signos. Para Jesús esa actitud es equivocada. Al igual que no se trata de conducir más despacio cuando el detector de radares nos avisa, sino que es necesaria la prudencia y la atención en todo momento, Jesús indica a sus discípulos que no vayan buscando signos y señales del final de los tiempos. “No os dejéis engañar”, a lo largo del tiempo lo único que cuenta es la perseverancia. El evangelista Lucas les deja una cosa clara: las dificultades se superan con perseverancia y, por supuesto, con el apoyo del mismo Jesús.
Las dificultades son reales, por eso los cristianos no podemos ser ingenuos. En el mundo hay maldad, sufrimiento y dolor. Con expresiones de su tiempo, Jesús describe el fin como la acumulación de todos los males: Las guerras, causadas por los hombres; los terremotos, manifestación de una naturaleza dañada y frágil; y el hambre, ante el cual nadie, ni los fuertes, podía subsistir. Además, Jesús vuelve atrás y dice “pero antes de todo eso…”, y se centra en el sufrimiento de la comunidad cristiana, que estaba sufriendo la persecución, incluso la denuncia de familiares cercanos.
En medio de la persecución, aunque había algunas deserciones - imaginamos - la comunidad se mantenía fiel a Jesús y al Evangelio. El mensaje es claro: “Todo esto no os sucede porque Dios se haya olvidado de vosotros, sino porque así seréis testigos del Evangelio ante todo el mundo”. Aún más, el propio Jesús les dará las palabras que habrán de decir; estará a su lado, tan sólo necesitan confiar plenamente en él. Después de todas las calamidades que ha descrito, el texto del Evangelio de Lucas termina con una llamada a la esperanza: “ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”.
COMENTARIOS
- Dominicos
- Vicente Martínez: Con vuestra constancia ganaréis vuestras vidas. ¿Y es que puede existir alguna recompensa mayor que ésta? ¡Personalmente, al menos yo, creo que no!
- José Luis Sicre: El fin del año y el fin del mundo. Para la mentalidad apocalíptica, cualquier acontecimiento trágico de grandes proporciones anunciaba el fin del mundo. El peligro de este pensamiento es que resulta estéril. Todo se queda en cálculos y señales, sin comprometerse con los problemas del mundo que nos rodea.
- José Antonio Pagola: Tiempos de crisis. Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento.
- Mª Guadalupe Labrador: ¿Desde dónde nos planteamos el futuro? Que nadie os engañe, os daré una sabiduría a la que no podrán hacer frente, y perseverad. Tres claves para revisar el año litúrgico que acaba y hacer gestos de conversión para que la Palabra se haga carne en nuestra carne.
